sábado, 30 de enero de 2010

El hijo del carpintero camina con su Padre del cielo

Domingo IV T. Ordinario. Ciclo C
Jr 1, 4-5.17-19; Sal 70, 1-6.15.17; 1Co 12,31-13,13; Lc 4, 21-30

He tenido la oportunidad de escuchar de sacerdotes, consagrados y seglares -hombres y mujeres, adultos y jóvenes, matrimonios y célibes- y compartir con ellos experiencias de la propia vida que me han impactado. Entiendo que se da un denominador común en la mayoría de estas experiencias comunicadas: ser “invitados” a una novedad de vida y sentir que los propios límites de uno mismo, se“agrandan” o amplían sin medida. Yo, además, tengo grabado en lo profundo de mi ser la sensación de sentirme “favorecido” por la confianza que Alguien ha depositado en mí y a la que trato de no defraudar con agradecimiento y esforzada dedicación y empeño, envuelto en debilidad y, reconozco que también con algunos “recelos”.

“Te escogí… te consagré… te envío… Yo estoy contigo para librarte”. Jeremías toma conciencia de su vocación como profeta. ¿Cuántos nos vemos identificados con esta llamada-invitación?, ¿o con esta consagración-misión?, ¿o con esta fiel compañía favorable?... La conciencia de sentirme un vocacionado, me hace bien, me hace feliz. Y la razón primera y última de esta elección-consagración-misión es alcanzar y disfrutar lo excelente, lo máximo, en cristiano, “ambicionando lo mejor”. Para ello el camino mejor es el amor. Amor paciente, afable, no envidioso ni presuntuoso, no egoísta ni mal educado… Un amor así, no pasa nunca, no se acabará.

“Comenzó Jesús a decir en la sinagoga: Hoy se cumple esta Escritura… y todos le expresaban su aprobación”. En la celebración del Año Sacerdotal el Señor Jesús sigue llamando y prolongando el HOY de la salvación ¿le expresamos nuestra aprobación y admiración con un firme compromiso eclesial expresado en la colecta extraordinaria de Cáritas a favor de los damnificados de Haití, en la celebración eucarística de este domingo, certificando, así, que el amor lo puede todo?

Juan Manuel Barreiro, sacerdote

viernes, 29 de enero de 2010

Sonidos...


Habrá quien también le suene… hoy me han inspirado… es una forma curiosa de describir mi mañana…
06:37 Primera alarma: Wegue Wegue (no es Wiki Wiki), aún quedan unos minutos… 06:43 Segunda alarma: Looking for paradise, esta no es la definitiva… 06:48 Tercera y última alarma: Marcha fúnebre (su elección denota lo que me gusta levantarme), es hora de cambiar lo horizontal por lo vertical y viceversa… Oigo pasos en el pasillo, Nacho ya está activo mientras yo aún ando en el gerundio… Enciendo mis móviles, el vibrador me transmite los buenos días de personas de varios puntos de España… El pantalón de nylon genera electricidad estática (que ya me encargaré de transmitir involuntaria y directamente al codo de mi compi). Llaves, cremalleras, cisternas, ya estamos listos para bajar a desayunar (hoy no tenemos horario normal, lo cambiamos por la presencia de un examen). El ordenador se ha reiniciado y está listo para volver a conectarse. Abajo escucho mi vaso de leche que entra en el microondas por una mano ajena, me están esperando. Puertas que hay que tirar después de cerrar para que no se vuelvan a abrir solas. Cerraduras ruidosas, escalones nada sigilosos, olor a pan recién tostado… Tapas del café y de la azúcar, cucharas que remueven, pan que cruje, galletas que se rompen, sorbos que evitan manchar el mantel… risas que lo acompañan todo… ahora agua, vasos en el fregadero, coche que arranca, portón tan discreto o más que las escaleras, partimos para la uni… Por el camino escuchamos laudes en un CD, hoy no nos lo perdemos… Misericordia Dios mío, misericordia… Sincronizados con la bendición final se para el coche en el aparcamiento, se apaga el motor, se abren las puertas… que frío… un silencio sepulcral, la humanidad aún duerme o está oyendo ahora las cucharas y las galletas… sala de lectura… ¿Por qué se llama así? Si lo que menos puedes hacer es leer, aquí no hay silencio, la gente cuchichea sin parar… Cremalleras, folios, lápices, comenzamos a oír la materia en nuestra cabeza, pero no hay silencio… “¿Qué hora es?” Pregunta una chica a su compañera, Nacho se adelanta y contesta “las 8:15”, “gracias”, y se hace el silencio… aunque no por mucho tiempo… abre puerta, cierra puerta, que trajín se traen, al final la rompen… Vibra mi móvil en el bolsillo, es hora de que Nacho se marche al examen, últimos avisos, un abrazo, “suerte”… Me tomo un descanso, abro mi correo y echo un ojo al blog, repaso entradas anteriores, “Sonidos”, ese lo leí por encima (lo siento), ahora lo leo tranquilo mientras resuena Amelie en mi cabeza, abro Spotify y al sonido de acordeón, un reloj, una bicicleta, un piano… imagino los sonidos que leo… hoy me siento inspirado… es una forma curiosa de describir mi mañana…

Aún me quedan dos exámenes y todos los trabajos por comenzar, de momento los que he hecho no han salido demasiado mal, hay esperanza. Continúo con mi trabajo, seguiremos informando…

sábado, 23 de enero de 2010

"El espíritu de Dios está sobre mí"



Domingo III T. Ordinario. Ciclo C
Ne 8, 2-4a.5-6.8-10; Sal 18, 8-10.15; 1Co 12, 12-14.17; Lc 1,1-4; 4,14-21

Con la fuerza del Espíritu, Jesús camina, enseña, ora, proclama la Palabra. Jesús “Hombre del Espíritu” cuenta con la alabanza y aprobación de la gente que lo escucha, que ve sus signos, que participa de su acción salvadora, que hace camino con Él.

Jesús “Ungido por el Espíritu” suscita el entusiasmo de la gente, su persona, su actividad, palabras y acciones, es el Evangelio que se hace misión con los pobres, cautivos, ciegos, oprimidos.... de ayer y de hoy.

Jesús “Enviado por el Espíritu” congrega en torno a sí, a muchos que son testigos del eficaz cumplimiento, de las promesas de Dios en Él, de sus palabras por las acciones que le acompañan, del “hoy” de la salvación (tiempo nuevo y definitivo) por la presencia actuante del Espíritu en Él que siempre produce alegría.

También “hoy se cumple esta PALABRA que acabáis de oír” en nosotros, la Iglesia, en muchos que tienen los ojos fijos en Él, en muchos que escuchan y ponen por obra esta palabra viva y eficaz, en muchos que se dejan poseer por la Palabra, la encarnan y revelan de modo actualizado el Evangelio.

También “hoy”, Año Sacerdotal, el Evangelio es anuncio-misión, con los niños protagonistas en la Jornada de la Infancia Misionera, conmigo, contigo, con nosotros, pues “ayudar a Dios a ser más conocido, ayudar a los hombres a conocerle, es nuestra misión” (Martín Descalzo).

Si como expresó la B. Teresa de Calcuta “la primera pobreza de los pueblos es no conocer a Cristo”, siento la urgencia como cristiano, como sacerdote, como iglesia “miembro del Cuerpo de Cristo… donde todos por igual se preocupan unos de otros”, de seguir anunciando el Evangelio -palabras que son espíritu y vida-. Otra vez más con Martín Descalzo: “Me encanta esta profesión de ir por las calles diciéndole a la gente que Dios le está amando”.

Juan Manuel Barreiro, sacerdote

Exámenes febrero

Comienzan los exámenes, más bien, ya han comenzado. Mi compi comenzó el lunes pasado, y cuando él, en el día de ayer, tomaba el primer plato yo tomaba los entremeses de lo que será un menú del día no muy largo aunque no por ello sencillo.

Después de enfrentarme al Elogio a Ciro, del libro primero de Anabasis, del historiador griego Jenofonte, por su puesto en Griego, cesan las clases para prepararnos, el miércoles llegará Hª de la Fª Moderna (Descartes, Locke, Hume, Rousseau…), el lunes siguiente Fª del Lenguaje (búscalo en Internet, no sabría explicarlo en una frase), terminaré el miércoles con Fª de la Religión (su nombre lo indica, la parte de la filosofía que habla de Dios). Y ese día comienza el postre, trabajos, trabajos y más trabajos… KANT – Introducción a la Crítica de la razón Pura (Moderna), MIGUEL GARCÍA-BARÓ – Del Dolor, la Verdad y el Bien (Religión), MEMORIA ¿Qué es la Ética? (Ética)…

En fin, espero que todo esto acabe pronto y lo mejor posible para todos, D.M.

Sigue pendiente mi crónica sobre mis navidades...

sábado, 16 de enero de 2010

"Haced lo que él os diga"





Domingo II T. Ordinario. Ciclo C
Is 62, 1-5; Sal 95, 1-10; 1Co 12, 4-11; Jn 2, 1-11

La Liturgia nos adentra en el Tiempo Ordinario que tiene de extraordinario la oportunidad de ofrecernos a todos los bautizados seguir profundizando en el Misterio de Cristo, desde el acontecimiento de la Pascua de Resurrección y Navidad-Epifanía que recientemente hemos celebrado, y vivirlo en el desarrollo de la vida de cada día, todos los días.

Jesús sigue manifestando su gloria con signos eficaces de gracia, de amor. Amor apasionado, alegre, festivo, divino de Dios-Esposo con su Esposa-cada persona-la Iglesia-la Humanidad, engalanada por el Espíritu con variedad de dones, servicios y funciones que facilitan la comunión vocacional, fraterna, de misión para el bien común. En el episodio de la boda de Caná, en Galilea, “misterio de luz” con la presencia de la Virgen María, donde el Señor Jesús es también invitado con sus discípulos, la celebración se hace Fiesta con el “vino bueno” (de la Alianza nueva y eterna), en la que la Madre de Jesús provee el paso de la Antigua (“no les queda vino”) a la Nueva y definitiva Alianza.

El signo realizado por Jesús manifiesta su gloria y al ser contemplado por sus discípulos hace crecer la fe de éstos en Él. En este Año Sacerdotal, donde estamos llamados a explorar y redescubrir la grandeza de este sacramento, perseverando en la amistad de Dios y que nos santifica en la verdad, participar este domingo del banquete Eucarístico que anticipa el banquete del Reino, de las bodas del Cordero, nos hace “contar las maravillas del Señor a todos” y nuestra oración con el profeta se hace misión: “por amor... no callaré, no descansaré, hasta que rompa la aurora de su justicia y su salvación llamee como antorcha”.

Juan Manuel Barreiro, sacerdote

martes, 12 de enero de 2010

De vuelta a la uni

¡Cuánto tiempo! Estas navidades no he cumplido con vosotros, ni con la uni, ni con el blog. En resumen, me ha dado tiempo de disfrutar de la familia (y ellos de mí) y de ver a viejos y no tan viejos amigos. Espero poder extenderme en otra ocasión, pero hoy tan sólo quiero saludaros y haceros llegar mis impresiones de hoy (omito todo lo vivido, sentido y sufrido estas vacaciones, ya lo haré)

Ayer comenzó la mañana con (buenas) noticias sobre la uni: “han cancelado todas las clases en Madrid”, bien, así podremos trabajar en casa. Trabajamos hasta las 10, hora a la que nos tomaríamos un descanso para bajar a MoviStar (pues se me ha estropeado el móvil), allí me dicen que ellos no envían a Servicio Técnico (cosa que no concuerda con lo que me dijeron en Cádiz), que tengo que acercarme a Guzmán el Bueno 37, bueno pues allá vamos. Cogemos el metro en dirección a esa estación, nos bajamos, buscamos el 37 y allí no hay nada, preguntamos a la gente y nadie le suena lo del Servicio Técnico de Sony Ericsson, menos mal que Nacho dijo “estamos en la estación de Guzmán el Bueno, pero no tiene por qué ser la calle, lo comprobamos y así era, no estábamos en la calle correcta, preguntamos y ¡bien, está ahí mismo! Miramos el número y pone ciento cuarenta y pico… Más de cien números por recorrer… Pues nada, ya que hemos llegado hasta aquí… Bajamos, bajamos, bajamos, bajamos… Aún faltan unos números cuando veo una tienda que pone en grande “Sony Ericsson”, es el número 43, pero yo voy a preguntar, por si acaso… menos mal que pregunto, resulta que en el 37 hubo hace años un S.T. de Siemens, pero ya no está… Cuando terminé la gestión me dice que el metro más cercano es Argüelles, o sea, a tres o cuatro paradas de donde nos bajamos, 10min de recorrido en metro, os podéis imaginar cuánto tardamos andando… y con hielo y nieve…


La tarde la omito, y paso al día de hoy, que cómo podréis comprobar por la hora de la actualización, no tengo clase, el profesor tiene que venir desde lejos en tren y no llega, así que hasta las 11:10 no tengo clase… voy a aprovecharlo…


Cuando tenga otro ratillo os pondré al día de mis vacaciones…

Ahh, y Feliz año! jeje

sábado, 9 de enero de 2010

Por el bautismo nos acoges



Domingo Bautismo del Señor Navidad. Ciclo C

Is 42, 1-4.6-7; Sal 28, 1-4. 9-10; Hch 10, 34-38; Lc 3, 15-16.21-22

Hoy celebramos una nueva epifanía: la manifestación del Mesías en su bautismo. Jesús va a comenzar su vida pública, proclamando, con palabras y obras, la Buena Nueva. Por eso, hoy el Padre nos lo presenta, solemnemente.

En un clima de oración y de solidaridad, Jesús entra en el río Jordán, asumiendo toda la realidad humana y cargando con el pecado del mundo, para ser bautizado por Juan. El Espíritu penetra hasta lo más íntimo de su ser y cambia su vida. Se siente ungido y enviado. Y deja su familia para evangelizar a los pobres, curar a los enfermos, liberar a los cautivos, perdonar los pecados y predicar el Reino de Dios. Lo hará como Hijo y como siervo de la humanidad.

Pero este Hijo tiene un estilo propio de actuar: el miedo, que nos separa, se hará amor, que une los corazones. Elegirá servir a dominar, darse a recibir, ser a tener y aparentar, curar a herir, perdonar a castigar, ofrecer a imponer. Y que nadie se confunda. Oigamos al cielo: “Tú eres mi Hijo, el amado, mi predilecto”. No es un soñador. Es el Hijo, la Palabra definitiva de Dios. Dirán de él que nadie habló con tanta autoridad. Ni las amenazas de los poderosos, ni los sofismas de los letrados lo alejarán del proyecto del Padre. Será libre, por ser pobre y, al ser libre, libertador.

Santo, como el Padre, fiel, misericordioso, “pasará por el mundo haciendo el bien”. Es nuestro hermano, sí, pero también nuestro Señor, la gran oportunidad para que nadie se pierda y todos se salven.

En el bautismo fuimos incorporados a Cristo, como los sarmientos a la vid, y ungidos con el crisma de la salvación para ser sacerdotes de un culto nuevo: la entrega gratuita a los demás; profetas de la esperanza, que anuncian el reino y denuncian cuanto lo impide; y reyes, señores de la libertad para amar y servir. Con el Espíritu recibido, podemos “sentir” al Padre: “tú eres mi hijo”. La Eucaristía es el culmen de la unción bautismal. Nos hace cuerpo de Cristo y nos compromete a vivir el amor de hijos y el servicio de hermanos.

Que venga a nosotros el reino ¡Sed felices! Oremos para ser libres y felices. Esto no es egoísmo fratricida sino fraterna autoestima: “Amarás a tu prójimo, como a ti mismo”. Que nos apasione, como a Jesús, el reino de Dios y su justicia, la vida abundante y feliz para todos (Jn 10,10). Si no eres feliz, amargarás la vida a tu barrio. Alguien, sin corazón ni entusiasmo para vivir, acabó con seis millones de semejantes. Dios te manda flores cada primavera y un luminoso amanecer, con la sinfonía de los pájaros, cada mañana. Quiere vivir en tu corazón. ¡Está loco por ti! ¿Y tú? Hasta siempre, amigos. Un abrazo.

Antonio Ariza, sacerdote

sábado, 2 de enero de 2010

Seamos luz que conduzca a Jesús



Domingo II Navidad. Ciclo C
Si 24, 1-4.12-16; Sal 147, 12-15.19-20; Ef 3-6.15-18; Jn 1, 1-18

Hoy contemplamos, nuevamente, el misterio de la Navidad, pero desde una dimensión más teológica y poética. El prólogo del cuarto evangelio tiene su origen en un antiguo himno cristiano, a modo de villancico, que expresaba y celebraba la fe de la comunidad en Cristo, como Palabra eterna de Dios, su origen intemporal, su categoría divina y su influencia en el mundo y en la historia. El evangelista lo adoptó, haciendo algunas modificaciones.

Dios tenía un proyecto: la nueva humanidad divinizada, reflejo de lo que será el Hombre Jesús. Solidario con nosotros, en un amoroso vuelo, bajó para encarnarse en las entrañas de una mujer: “La Palabra se hizo carne”. Es la afirmación más profunda de la teología cristiana.

Las tinieblas quisieron, pero no pudieron sofocar la luz. Es el misterio de la Encarnación, difícil de aceptar en el ayer (docetismo, arrianismo, monofisismo, monotelismo…) y en el hoy de la Iglesia. Encarnarse es bajar y meterse en el fango, en el drama del mundo, en el lugar más bajo y humilde, ¡como un amigo! La palabra carne, en griego “sarx” –¡cómo la dice D. Manuel Pineda!– manifiesta el abajamiento, la kenosis, la humillación de que nos habla Pablo en su carta a los filipenses (2, 6-8).

Acampó, como uno más: nació niño, como todos, y pobre, como la mayoría. Escogió el camino de la humildad y del servicio, de la solidaridad y de la misericordia.

La Palabra no se encerró en los libros ni en el Templo, sino que se alojó en la calle de la Humanidad, como pan de vida (Jn 6,22-58) y agua viva (Jn 4,10-16) para el hambre y la sed de la gente y como luz del mundo. Pero “vino a su casa y los suyos no lo recibieron”. La causa del rechazo fue la ceguera para ver y amar a Jesús.

¿Y nosotros? ¡La Palabra se sigue encarnando en el pobre, en el enfermo, en todos los hombres! (Mt 25, 31-46). “Y hemos contemplado su gloria”. Esa gloria de Dios se revela en el servicio que se ofrece desde lo más bajo. Es quitarse el manto, como Jesús, coger la toalla y ponerse a lavar los pies, servir al prójimo para que viva feliz. “Los que reciben la Palabra pueden llegar a ser hijos de Dios”. “Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!

Que el Señor nos acompañe cada día en este año que comienza y que el encuentro de los domingos en la Eucaristía sea signo, acción de gracias y experiencia de esta compañía. Que venga a nosotros el Reino. ¡Sed felices!

Antonio Ariza, sacerdote

sábado, 26 de diciembre de 2009

Dios deja a su Hijo en la tierra



Domingo IV Adviento. Ciclo C
Si 3, 2-6.12-14; Sal 127, 1-5; Col 3, 12-21; Lc 2, 41-52

Hoy, día de la Sagrada Familia, recordemos a tantas familias abrumadas por sus problemas. Y preguntémonos: ¿Es la familia de Nazaret un espejo donde ellas pueden mirarse? ¿O sólo es el modelo para las familias perfectas?

La familia de Jesús tuvo problemas. Unos venían de fuera: las angustias de la pobreza, del rechazo de la gente, del desamparo, de la persecución, del destierro… Otros nacían dentro: las dudas de José, mientras María, indefensa, veía cómo se humedecían los ojos de su esposo; el hijo, que traía a sus padres de cabeza. No comprendían sus palabras ni sus actitudes, cuando despuntaba su autonomía personal: “Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados”. Como ocurre hoy entre tantos padres e hijos. Pero la familia es el triunfo del amor, que tiene su origen en Dios, a cuya imagen fuimos creados.

Las tormentas familiares, ante el Amor, se convierten en arco iris de paz, en comunión de vida. Ahí, en la realidad más hermosa, importante e influyente de la humanidad, aprendemos a crecer como personas.

En algunos ambientes, se ha absolutizado un modelo de familia de “solidaridad cerrada”- mi sangre, mi grupo, mi raza-. Jesús relativizó el valor de este tipo de familia: “mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y cumplen su voluntad” (Lc 8, 20-21). En Nazaret se amaron con ese amor que sabe salir de sí, perdonar, dialogar, confiar, respetar, comprender, darse a los demás. “Su uniforme era: la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión…y, por encima de todo esto, el amor”.

Cristo, conviviendo en una familia, purificó y redimió esta realidad para convertirla en fuente de bendición y alegría, en sacramento de la presencia de Dios. Él vino para dar vida a una gran familia en el Espíritu: los creyentes que, sentados a la mesa de Cristo, son un espacio amoroso de humanización, de personalización, de encuentro gozoso con el Señor, de interioridad, de fuente de solidaridad y libertad, de búsqueda común de respuestas y soluciones a los problemas del momento. Ojalá nuestra Iglesia peregrine en esa dirección y que suceda igual con nuestras familias para que sean una íntima comunión de vida y de amor, una cuna y escuela de humanidad y una iglesia doméstica.

La Eucaristía es una experiencia de familia. Celebra el amor del Padre, entregado en el Hijo y en el Espíritu, y el amor de los hermanos, congregados para compartir la misma mesa. Que venga a nosotros el Reino. ¡Sed felices!

Antonio Ariza, sacerdote

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Feliz Navidad


Pauperibus evangelizare misit me. ¡Qué dicha, padres, qué dicha!
¡Hacer aquello por lo que nuestro Señor vino del cielo a la tierra,
y mediante lo cual nosotros iremos de la tierra al cielo!
¡Continuar la obra de Dios, que huía de las ciudades
y se iba al campo en busca de los pobres!
En eso es en lo que nos ocupan nuestras reglas:
ayudar a los pobres, nuestros amos y señores.
San Vicente de Paúl


. Que el amor de Dios hecho hombre, y la fuerza del espíritu que volvió a nosotros a través de San Vicente os acompañe y os colme de gozo en estos días de fiesta. Que el consumismo no entre en vuestras vidas y seamos capaces de compartir con los que más lo necesitan.

. Compartamos nuestra sonrisa al menos durante estos días, sólo Dios sabe cuántos se contentarían sólo con poder disfrutar de ella.

. Rezad por mí como yo lo hago por vosotros, todos necesitamos de Dios, tanto en los momentos buenos como en los no tan buenos.

. Gracias por ser parte de mi vida y por acompañarme y apoyarme en mi camino.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Isabel y María unidas en el espíritu

Domingo IV Adviento. Ciclo C
Mi 5, 1-4a; Sal 79, 2-3. 15-19; Hb 10, 5-10; Lc 1, 39-45

Este cuarto domingo de Adviento hace inminente la venida del Salvador. El pueblo, las masas de hombres sencillos, pobres, anónimos, explotados… continúan esperando en su vida, consciente o inconscientemente, la llegada de un Mesías. Jesús es el Mesías porque viene a salvar no sólo las almas sino los cuerpos, no sólo los individuos sino las colectividades y estructuras.

Los dones mesiánicos que nos trae son los que necesitamos más: la libertad de todas las esclavitudes que parten del pecado, la justicia, la misericordia, la paz. El Salvador mesiánico no viene a distraer al pueblo, sino a hacerle tomar conciencia de que puede librarse de las cadenas del poder, del odio y de las injustas desigualdades, convirtiendo la humanidad en la casa de la fraternidad. Desde el momento de la Encarnación todo empieza a ser nuevo.

Es la Nueva Alianza: “tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo”. Y, cuando Cristo entró en el mundo, su primera palabra fue: “Sí, aquí estoy para hacer tu voluntad”. Se inicia un nuevo culto. Ya no sirven los sacrificios cruentos ni las víctimas expiatorias. Dios prefiere la misericordia al sacrificio. Dios sólo quiere el amor, nuestra entrega confiada, como la de Cristo y María: “aquí estoy…”

María, embarazada, movida por el espíritu de caridad, se levanta y se pone en camino para visitar a Isabel. La actitud de María, puesta en pie por el anuncio del ángel, nos remite al sentido de la escucha cristiana, que nos debería poner en pie, levantarnos, curarnos, resucitarnos.

Es un impulso contrario a la pasividad o a la pereza. El relato es un canto y un encanto de caridad, de servicio, una sinfonía de alabanza y agradecimiento al Señor. En el origen de todos estos actos está la infinita misericordia de Dios. El Magníficat que proclama María es el canto de los pobres de Yahveh, que confían en Dios porque saben que Él cumple su palabra y ha optado por ellos.

Si no queremos tener una fiesta sin festejar y quedarnos sólo en la cáscara de la Navidad, tenemos que empequeñecernos y, llenos de amor, abrirnos al Otro y a los otros. La Navidad tiene la fragancia, el calor y el color de la humildad, de la solidaridad, de la austeridad y no del consumo voraz y egoísta o de la alegría frívola, chabacana, postiza. Que la Madre de la Caridad y de la Visitación nos ayude a ser para los otros un hermano y que ellos nos vean y sean para nosotros como un regalo del cielo. La Eucaristía nos invita a “salir” de nosotros para entregar la vida cada día de nuestra biografía. Que venga a nosotros el reino.

¡FELIZ NAVIDAD!

Antonio Ariza, sacerdote

domingo, 13 de diciembre de 2009

El camino para llegar a Jesús pasa por la Justicia


Domingo III Adviento. Ciclo C
So 3, 14-18a; Sal Is 12, 2-6; Flp 4, 4-7; Lc 3, 10-18

Hoy es el domingo de la alegría. Escuchamos una invitación a la alegría auténtica, la que viene del Señor, la que surge desde lo más profundo del alma, como un manantial que llena el corazón, y no la que se vende en los más diversos mercados: un surtido de antivalores (dinero, poder, fama, drogas, sexo…) que, aunque se pregonan como autopistas de la felicidad, conducen a la ruina, a la dependencia y a la muerte.

El domingo Gaudete nos recuerda esta dimensión necesaria de la vida cristiana: “Estad siempre alegres en el Señor”.

La razón más sólida de esta alegría es el amor de Dios, misericordioso y apasionado, manifestado en Jesucristo. Pablo consuela y fortalece la fe de los filipenses: “El Señor está cerca” de cada ser humano. Es parecido a lo que dice el ángel a María: “El Señor está contigo”. Y, “si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?”, añade Pablo en otro lugar. Sofonías nos dibuja a un Dios enamorado, “que se goza y se complace en ti, que te ama y se alegra con júbilo”, que baila alegremente. ¿Qué imagen tenemos y proyectamos de Dios? La más grande experiencia cristiana es saber, “saborear”, que Dios te ama, nos ama. Y nos quiere no porque seamos buenos, sino porque Él lo es: Dios es amor. Esto no lo entendían los fariseos. Creían merecer la vida eterna por sus méritos. Dios es gratuito, pero no superfluo, dirá González Ruiz.

Revisemos cómo hablamos de Dios y cómo celebramos la fe, el tono de nuestros documentos… ¿Realmente transmitimos la Buena Noticia de Jesús o un código de normas que asfixian? En Jesús sabemos cómo nos mira Dios cuando sufr imos, cómo nos busca cuando nos perdemos, cómo nos entiende y perdona cuando lo negamos.
¡Cuántas ideas raquíticas, falsas, de Dios hay que “desaprender”! El Vaticano ll nos avisa sobre el origen del ateísmo por una exposición deficiente de la doctrina o de la educación en la fe (GS 19).

Ésta es una alegría comprometida y compasiva, no alienante. No está reñida con el sacrificio y el esfuerzo liberador. Juan preparaba los caminos del Mesías, predicando la solidaridad: “quien tenga dos túnicas que las comparta con el que no tiene”; la justicia: “no exijáis más de lo establecido”; la no-violencia: “no hagáis extorsión a nadie”.

Jesús vendrá a cambiarnos la mente y el corazón, con un programa de vida digna y feliz: las bienaventuranzas (Mt 5, 1-13). La Eucaristía es la fuente, el centro y la cumbre de esa vida. Que venga a nosotros el reino. ¡Sed felices!

Antonio Ariza, sacerdote

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Pasó una tarde, pasó una mañana


Muchos kilómetros, bastantes folios, dos horas.

El retiro acabó, el día en Barcelona se aprovechó, hubo tiempo para estudiar y para mirar. Nos despedimos de nuestros cohermanos y volvemos a Madrid.

Intento estudiar por el camino, pero las películas son irresistibles para mí, además llevo un fin de semana con demasiadas cosas en la cabeza, no me vendrá mal despejarme un poco. "Un gran día para ellas", una película entretenida.

Llegamos, nos recibe un Focus blanco con tres abrazos (uno para cada uno) esperando dentro, acompañados, cada uno, con un "¿Qué tal?". Charlamos, nos ponemos al día, llegamos a casa. Deshago las maletas y bajo a la comida, tanto que compartir y tan poca atención...

Una tarde de estudio entre cabezadas, el tema es aburrido, al menos para el que no entiende mucho de esto.

Una cena rápida, una duchita y a la cama. Pasó una noche, pasó una mañana, el día del examen.

Se me olvida coger folios (aunque me los den, no quería arriesgarme), se me olvida coger un bolígrafo de emergencia (menos mal que siempre llevo uno en la maleta, porque efectivamente, dejó de pintar el primero a mitad de examen).

Tras una clase interesante (si, interesante, ¡he cogido hasta apuntes!) de Fª de la Religión, llega el momento. Mi compañera me dice "que el Espíritu Santo nos ilumine" a lo que contesto "sí, pero con un retroproyector y una transparencia, si se puede pedir".

Tengo frente a mí el examen. No parece muy difícil, pero al leer las preguntas, siento como se ha borrado la primera mitad de lo que me miré, menos mal que hay que elegir 2 de 3.

He escrito bastante, más de lo que me esperaba, pero seguro que menos de lo que la profe espera. Todo queda en manos de Dios, yo al menos no estoy triste, pudo ser peor. Además, tan sólo he tenido que esperar 5 min (40 desde que comenzó el examen) a que se levantara el primero a entregar. Me levanto y a trompicones salgo del pasillo, levanto la mirada y la profe con un folio en la mano "¿quieres otro?", "no gracias, si a lo que voy es a entregar..."

Bajo a la cafetería y como algo, a las 13 tengo dos horas de clase más, la "seño" no quería perder horas de clase con el examen, así que nos las ha puesto después.

Por fin, las 14:30, media hora antes, la profe lee en nuestras caras que estamos cansados ¡menos mal, pensé que tendríamos que ponérselo en el retroproyector!

Vuelvo en el tren acompañado por algunos de mis compañeros, y veo como se les cambia las caras cuando los antiguos les adelantamos como serán los exámenes... pobres...

La tarde ha sido un poco relajada, y la tarde-noche muy animada, bajé a comprar con Nacho y como siempre, nos reímos a carcajadas con nuestras tonterías.

El cierre de la noche, lo mejor, un mensajito... Gracias, ya estoy mejor, y yo tb te quiero! ;-)


domingo, 6 de diciembre de 2009

Retiro de adviento

La Oración, la Comunidad, la Misión.

El encuentro personal con Dios, la base de todo hombre es la vida social, la misión de todo cristiano es evangelizar a todos los pueblos.

Está siendo un fin de semana duro, aunque enriquecedor. Estamos bajo el Tibidabo (o como se escriba), en una casa de ejercicios de HHCC. Cinco estudiantes, un hermano, un padre ayer dos hoy.

El día de ayer fue intenso, una corta introducción y mucho tiempo personal, para rumiar todo, hoy me ha cundido un poco menos, hubo mucha conferencia y poco material para trabajar individualmente (a no ser que se tomaran apuntes de lo que decía)...

Cuando más tiempo pasa menos cristiano me veo, más obligación menos devoción, la oración personal se ve ahogada por Laudes, Intermedia, Vísperas... y tengo que remediar eso, o moriré.

Critico, critico, y critico a los que no piensan como yo, a los que no piensan como la mayoría de los jóvenes que vamos llegando, o que llevan poco tiempo. Pero no me miro la viga que tengo en mi ojo, no me miro en el espejo, ¡cuánto por mejorar! Es más fácil criticar la conducta del otro...

Las tres primeras semanas de adviento son escatológicas y la última es mesiánica (16-24dic), es decir, en todo el adviento se habla de la venida de Jesús, pero en las escatológicas se espera la segunda venida, y en la última se espera la primera venida. Tenemos que allanar el camino al señor.

He pasado por diferentes etapas, algunas buenas, otras malas y otras peores, he llegado a derrumbarme, aunque conseguí levantarme pronto, las heridas aún están abiertas. A la pregunta "¿Estás contento?" no sé que responder, porque si digo que sí, estaría mintiendo porque ni estoy totalmente agusto en casa, ni me van genial los estudios, ni nada. En cambio si digo que no estoy contento, también miento, pues estoy en el camino que he elegido, el camino que Dios me ofreció y que elegí en mi libertad, hoy sigo eligiendo estar aquí.

Dios dirá como termina este finde, y como termino el examen... Cuando me lo diga, os lo cuento...

sábado, 5 de diciembre de 2009

Preparad el camino


Domingo II Adviento. Ciclo C
Ba 5, 1-9; Sal 125, 1-6; Flp 1, 4-6.8-11; Lc 3, 1-6

Aun cuando los tres primeros versículos del evangelio –datos históricos– parezcan anecdóticos, son fundamentales. Lucas nos quiere decir que Jesús no es un personaje mítico, sino real, histórico.

Jesús es el nuevo Adán (Lucas remonta hasta él su genealogía), el Hombre Nuevo que nos trae la salvación.

Hacia los años 28/29 de nuestra era, apareció en la escena de Palestina un profeta de Dios, llamado Juan, que recorría la comarca del Jordán “predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados”. Juan viene a preparar el camino al Señor y a denunciar la hipocresía. Él, con María y con los profetas del AT, son los personajes más característicos del Adviento.

Todo parecía estar en orden. Desde su refugio en la isla de Capri, el emperador Tiberio gobierna las naciones, sin que sus legiones tengan que intervenir; Herodes va haciendo su pequeño reino; Pilato rige con dureza la región de Judea; en Jerusalén se vive con una relativa paz: Caifás, sumo sacerdote, se entiende bien con Pilato, en un difícil equilibrio de intereses.

Pero, mientras todo marcha bien, ¿quién se acuerda de las familias que pierden sus tierras en Galilea?, ¿quién piensa en los indigentes, que no tienen sitio en el imperio?, ¿adónde pueden acudir los pobres, si desde el templo nadie los defiende? Allí no reina Dios sino Tiberio, Herodes, Pilato, Caifás.

Ante esta situación, Dios tiene algo que decir. Su palabra no se escucha en la villa imperial. Nadie la oye en el palacio de Herodes, ni en la mansión del gobernador, ni en el recinto sagrado del templo.

“La Palabra de Dios vino sobre Juan, en el desierto”. Esta llamada a cambiar, a abrir caminos nuevos, sólo se puede escuchar allí donde se vive de lo esencial, en la libertad de la verdad, sin las cadenas del tener, del poder, de las apariencias.

Y este es nuestro gran drama. Instalados en la sociedad del bien estar, refugiados en una religión que pasa de la vida (Lc 19, 30-37), vamos olvidando lo esencial. Nuestro modo de pensar y de vivir está bloqueando el camino al Señor. Hay que cambiar: rebajar nuestra autosuficiencia y elevar la dignidad de las personas, como buenos samaritanos, como Jesús.

Pablo pide para los filipenses: “que crezca su amor y la sensibilidad para captar los valores”. La Eucaristía, mesa compartida, anticipa esa realidad transformada de la nueva humanidad. Este domingo nos prepara para la fiesta de la Inmaculada, que nos introduce en el misterio del Adviento. María acepta el misterio de Dios, sin entenderlo, acogiéndolo en su corazón creyente y en sus entrañas solidarias. ¡Ella nos lleva a Jesús! Que venga a nosotros el reino. ¡Sed felices!

Antonio Ariza, sacerdote

viernes, 4 de diciembre de 2009

Puente de la Constitución y la Inmaculada

http://staybarcelonaapartments.com/Temperatura fría, cielo esforzándose por abrir, sala vacía. Yo frente a mi ordenador, escuchando música con el Spotify sin cascos, no molesto a nadie.

La mañana universitaria comienza con treinta minutos de conversación interesante con mi profesora, mi compañero no se incultura, ha perdido el interés por el curso y eso no sólo le afecta a él. La mañana continuará con dos horas de griego tras este descanso, dos horas en las que el profesor entonará el mea culpa porque hoy no he podido traer ejercicios hechos, estoy saturado.

A la vuelta del puente me espera el primer examen del curso, Hª de la Fª Moderna, Pascal y Descartes deben salir de mi bolígrafo, pero... ¡aún no están en mi cabeza! Y no, no puedo aprovechar estos días para meterlos, no estaré aquí.


Marchamos Antonio, Nacho y yo a Barcelona, tenemos un retiro espiritual de adviento, a las 17:00 sale nuestro tren, y tras algo más de dos horas y media estaremos en tierras catalanas.

Los ejercicios serán el sábado y el domingo, y el lunes lo dedicaré a estudiar mientras otros pueden aprovechar para ver la ciudad, yo no, en esta ocasión me tendré que conformar con estar aquí y quizás con dar un corto paseo.

El martes por la mañana ya estaremos en Madrid de nuevo, y la sobrepresión no dejará que entren cosas nuevas en mi cabeza, aún así lo intentaré...

Deseadme suerte, rezad por mi alma pecadora, por no ser capaz de trabajar al 100% cuando no hay presión.

Y la presión no acaba con el examen, aún quedan trabajos por entregar, y regañinas que recibir.

Disfrutad del puente, yo lo voy a intentar.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Adviento

Domingo I Adviento. Ciclo C
Jr 33, 14-16; Sal 24, 4-5.8-10.14; 1 Ts 3,12-4,2; Lc 21, 25-28.34-36

La Iglesia, para celebrar la gran fiesta de la Navidad, comienza el año litúrgico con el tiempo de Adviento, palabra que significa llegada, venida. Es tiempo de gracia y esperanza, que nos prepara para la venida del Salvador.

Los primeros cristianos esperaban la inminente venida del Señor y la pintaban con signos terribles, espantosos: “los hombres quedarán sin aliento por el miedo”. Es un género literario apocalíptico, en el que Jesús no habla del fin del mundo, sino del fin de este mundo en el que la gente sufre y no es feliz, donde falta la vida digna y abundante que él nos trae (Jn10, 10), el fin de un mundo en el que no reina Dios. Por eso, como siempre, el evangelio es buena noticia: “se acerca vuestra liberación…Verán al Hijo del hombre con todo poder y gloria”. Pero hay que estar despiertos, como aquellas diez vírgenes prudentes (Mt 25,1-13), y no embotados con el vicio, la codicia o la rutina. ¿Se han ido apagando nuestras lámparas, la fe, con la indiferencia y la mediocridad? Adviento es el tiempo de la alegre y humana esperanza, sin la que no es posible vivir. Necesitamos los sueños más bellos y los deseos más profundos para alimentar nuestra alma. Pedro Laín Entralgo habla de la esperanza como la espera de algo, alguien, y la confianza en conseguirlo. La Palabra de Dios añade la paciencia, la alegría y la vigilancia.

¿Qué esperamos? Esperamos el reino, que ya ha llegado, pero todavía no en plenitud. Está ya aquí, pero sólo como una semilla que se va sembrando.

Está irrumpiendo como levadura que lo va transformando todo. Todavía es un tesoro escondido que, un día, todos podrán disfrutar. El Señor, centro de nuestra esperanza, lo hará realidad. Por eso, clamamos: ¡Ven, Señor Jesús! Es el grito de los que sufren y la súplica de los que creen, esperan y aman.

La esperanza está amenazada por la satisfacción plena del presente, que olvida que todo es mejorable y que somos peregrinos; la nostalgia del pasado, que mira hacia atrás, como la mujer de Lot; y la impaciencia ante el futuro, que pierde el ritmo y el compás de la pedagogía de Dios. Hay que velar por ella, porque el mundo será de quien le ofrezca una mayor esperanza. Jorge Guillén afirma: cuando uno pierde la esperanza, se vuelve reaccionario. Cuidémosla, que es linda y fragante como una biznaga de Málaga.

Esperemos orando, porque la salvación es más gracia que conquista; y trabajando, porque esperar no es sentarse en el puerto, hasta que pase el barco, sino remar para que llegue. El Adviento y la Eucaristía nos llaman a la oración, a la conversión, a la misión. Que venga a nosotros el reino. ¡Sed felices!


Antonio Ariza, sacerdote

lunes, 23 de noviembre de 2009

Implicados en una misión de AMOR


Otro finde completito después de una larga semana... (lo de completito y larga me excusan para la longitud del post)


La protagonista de esta semana ha sido una dolorosa llaga en mi lengua, no he podido hablar ni comer cómodamente, duele que da gusto... menos mal que el viernes seguí las recomendaciones de mi compañero y hermano, pillé un spray en la farmacia que me la deja tonta por unas horas y puedo disfrutar de la vida jeje


El viernes después de comprar las municiones para contratacar mi mal, pude disfrutar de la cena, y luego (aunque sin palomitas, por precaución) pudimos disfrutar de una peli, divertuda, aunque algo extraña, Scoop de Woody Allen, Scarlett Johansson y Hugh Jackman. Y luego a dormir, que el sábado será duro.


Nos levantamos como si fuera un día más de la semana, nos aseamos y preparamos algo de comida para el día, hemos quedado a las 8:45 con JMV para la convivencia de inicio de curso (aunque ya hace más de un mes que lo empezamos...), este año hemos invitado a lxs peques de la parroquia, y menos mal, porque si no habríamos sido más jefes que indios, bueno, en realidad todos jefes, porque no vino ningún pequeñx de JMV hasta última hora...

Nos presentamos a los niñxs y a lxs padres, y mientras explicamos a las catequistas de la parroquia las dinámicas que se llevarán a cabo, fuera los niñxs cantan con la ayuda de Paco, Laura & cía.

Llega el momento de partir, yo me voy con otrxs dos en coche para llevar el material, y el resto marcha en metro, cantando y bailando al ritmo de "el caballo camina pa'lante, el caballo camina pa'trás..."

El tiempo acompaña un poco, hace frío cuando que quedas quieto (un problema que no tienen los peques), pero al menos el sol acompaña, no llueve. Son unos 30 detectives, hacemos tres grupos, tres patrullas "Luisa", "Vicente" y "Matías", y junto a dos monitores, tras leer la carta que nos ha escrito SVicente, y leer la primera pista, parten a los talleres rotatorios en busca de "algo" que el santo perdió.

Yo voy con la Patrulla Luisa, y nuestra pista nos envía al jardín musulmán, conde, tras montar un puzzle de JMV (para las otras patrullas: 350 aniversario, o SVicente) nos explican la historia de JMV con Luisa como protagonista (en otros: SVicente, o la familia vicenciana, y el papel que tuvo cada titular de patrulla en cada historia). Y tras la historia completamos la primera carta de san Pablo a los Corintos, capítulo 13, al que le falta una palabra muy importante AMOR. La ponemos en la frase que nos han dado: "de AMOR". Nos hemos ganado la segunda pista.

Tras solucionar la pista nos dirigimos al jardín cristiano. Dividen al grupo en tres subgrupos, Asia, África y Europa, y les dan "dos tijeras y un folio", "cuatro folios y celo", y "una plantilla" respectivamente, y un rotulador a cada continente. Deben hacer todos los cubos de papel que puedan, pero tienen varias condiciones: Sólo se puede hacer un cubo con cada medio folio, hay que utilizar la plantilla original (no vale hacerse una plantilla nueva). Cada continente tiene que negociar con lo que tiene "te dejo la plantilla para hacer UN cubo si me dejas las tijeras para recortar UN cubo", "te dejo celo para un cubo, si me das un folio"... Así aprenden que el que más cubos hace no es el que tiene más materia prima, o el que tiene más tecnologías o herramientas, sino que todo depende de negociaciones, de compartir recursos. Solucionamos otro acertijo y conseguimos otra frase "una misión". Nos dan otra pista.

La resolvemos y nos vamos al último taller, el jardín judío. Allí nos ofrecen una montaña de recortes de periódicos, y tienen que buscar fotos de personas que sean objetivos para la misión. Tras seleccionar entre todos los que han encontrado, los pegan en 4 cartulinas cuyos títulos son: Pobres, Enfermos, Ancianos y Occidente (egoísmo, soledad, depresión...). Y nos abren los ojos, ¡somos misioneros! y desde hoy mismo podemos ayudar a los más necesitados. La última frase cuesta bastante trabajo, es una palabra que no está en el vocabulario de nuestros intrépidos detectives, pero gracias a el soplo involuntario del otro equipo, conseguimos la palabra que los falta para completar la última frase "Implicados en", ¡ya tenemos lo que perdió San Vicente! ¡El lema de este año!

Nos reunimos las tres patrullas, ponemos en común nuestra conclusiones, una patrulla canta una canción que se han inventado, y las otras dos escenificamos nuestra labor en el mundo. Todos estamos:
¡¡Implicados en una misión de AMOR!!


Comemos, jugamos, cantamos y volvemos a la parroquia, es hora de concluir "como Dios manda", en una Eucaristía de acción de gracias.

Ha sido un día intenso, pero ha merecido la pena... ¿he dicho "ha sido"? ¡NO! ¡aún no ha acabado!


Paco y yo nos dirigimos a Asunción Castell, ¡allí nos esperan los que participan en la Formación Misionera! Había caras que hacía una semana que no veía, otras 4 meses, y algunas otras ¡hasta un año! ¡Qué alegría nos da el reencuentro! Compartimos la cena y luego tenemos dos testimonios misioneros, Conchi Tierra sobre su experiencia en China, y Mamen sobre el suyo en Mozambique, ¡les brillan los ojos! ¡Cuánto transmiten! ¡Ojalá todos estuvieran dispuestos a dar un poco de sus vidas para la misión! Llegan Nacho y Chelis y cuando acaban los testimonios los dejamos en oración y nos volvemos a casa, ¡qué ganas de coger la cama y charlar con la almohada! rememorar todos los momentos vividos y dormir plácidamente...


Domingo, día del Señor, y de la visita de otra persona: Christians. Se aloja en el culo del mundo, donde el metro no asoma. Tiene que coger un taxi para dirigirse a una conferencia... conmigo. Nos damos un abrazo esperado y subimos hacia SMatías. Saluda a los jotaemeuvenses que moran en la parroquia en ese momento, subimos a casa, charlamos, Nacho y yo le mostramos nuestros avances en DBZ BT3, seguimos charlando, bajamos a cenar, terminamos y subimos a seguir poniéndonos al día, pero el tiempo es breve, tiene que marchar al hotel, así que nos vamos en búsqueda de un taxi, que resultó siendo blanco pero no nos cobró, Chelis viene en nuestra búsqueda con su hacedor de kilómetros, y tras varias cachondas, donunts, curvas que te cagas, y "gire cuando le salga del culo" llegamos al SUPERhotel, nos despedimos y deseamos que el próximo encuentro sea cercano.

Ha llegado el fin del finde, reboso en encuentros, alegrías y ganas de seguir adelante, comienza la semana, hay que prepararse, pronto llega algún examen y no me pueden coger desprevenido.

Hoy mañana de trabajo libre y tarde de médico (a ver si me dice que hago con mi lengua).

Gracias a todos los protagonistas de estos días

sábado, 21 de noviembre de 2009

Mi Reino no es de este mundo


Domingo T. Ordinario. Ciclo B
Dn 7, 13-14; Sal 92, 1-2.5; Ap 1, 6-8; Jn18, 33b-37

Celebramos el último domingo del Año Litúrgico, solemnidad de Jesucristo Rey del Universo. Preguntado por Pilatos, Jesús afirma: “Sí, soy Rey”. Este lenguaje de la realeza en Jesús, a veces mal comprendido, no pretende imponer un estilo de “estar Jesús entre nosotros como los reyes de este mundo”. Se trata de reforzar una idea clave: sobre el mundo, sobre la vida y la muerte, hay alguien que domina, Dios y su enviado Jesucristo.

Porque como dice el libro del Apocalipsis, el Señor que viene es “Alfa y Omega, el que es, el que era y el que viene, el Todopoderoso”. Así lo confirma también el profeta Daniel: “Su poder es eterno y su reino no acabará”.

Este poder real de Jesús, el Salvador del mundo, no es motivo de miedo o sumisión irracional sino causa de ilusión y esperanza gozosa: Con este mensaje comprendemos que hay algo más allá del caos o el sin sentido, algo eterno que acepta los cambios pero que impide la destrucción total: Jesús, hombre como los hombres, Hijo de Dios, que reinando sobre el Universo y la muerte, nos espera en un abrazo de vida eterna.

Un Rey que tiene señorío sobre la vida y la muerte y que nos aguarda al final de la vida para hacer un balance y Juicio Final. Jesús explica, en otro pasaje del evangelio, el motivo de la justificación o la condena: quien ha amado y ha visto el rostro de Dios en el pobre, será salvado por el Amor de Dios; quien no ha amado y vivió en egoísmo, buscó su propia condena.

Por ello, recomienda: “Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”. EXAMINADOS DEL A M O R ¡Al final de la vida seremos examinados del amor! dice el místico Juan de la Cruz. Sabemos, pues, la pregunta del examen y estamos invitados a practicar cada día su ejercicio para entrar triunfantes con Jesús en su Reino. Dios, que nos amó primero, nos ha librado del pecado y la perdición por la muerte de su Hijo Jesucristo que ahora, constituido en Rey del Universo, se nos ofrece como fuente generosa de salvación.

Alfonso Crespo, sacerdote

domingo, 15 de noviembre de 2009

Mis palabras no pasarán

Domingo XXXIII T. Ordinario. Ciclo B
Dn 12, 1-3; Sal 15, 5. 8-11; Hb 10, 11-14.18; Mc 13, 24-32

El Evangelio de hoy, ya al final del Año Litúrgico, nos adentra en la idea del final de los tiempos. El final del mundo es una cuestión siempre abierta e inquietante para todos: creyentes y no creyentes. Cuando algún agorero anuncia “el final del mundo”, todos desconfiamos con una sonrisa autosuficiente, aunque nos quedamos al acecho, “por si acaso”.

¿Qué ocurrirá después de la muerte? ¿Tiene este mundo final? El evangelio utiliza un lenguaje apocalíptico de tinieblas, tribulaciones y estrellas que caen. Es sólo un lenguaje que no describe la posible realidad, pero sí transmite una enseñanza clara: “El cielo y la tierra pasarán, pero sólo Dios sabe el día y la hora”. Sabemos que hay un final de la vida y del mundo, pero si nos quedamos sólo mirando el final del mundo o de los tiempos, podemos caer en una tristeza agónica, casi de desilusión y desesperación: ¿Vale la pena tanto esfuerzo humano, tanta caridad cristiana para que luego al final todo se diluya, como un terrón de azúcar, en el olvido y el caos?

Hay muchos que, respondiendo con un fatalismo sin fe, malviven la vida esperando simplemente la muerte que llegará. Incluso, cuando se sucumbe a la desesperanza, hay quien niega la vida adelantando voluntariamente la muerte.

La actitud correcta es otra: ¡Vigilar, estar atentos, manteniendo viva la esperanza! El mensaje de Jesús nos concede la esperanza como compañera de viaje. Todo tiene un final, todo pasa, pero hay algo que permanece: las promesas de Dios. Hay algo más allá del caos o la destrucción, algo eterno que acepta los cambios pero que impide el olvido. Es la promesa de Dios: “Mis palabras no pasarán”.

Y las palabras de Dios no son voces anónimas, sino diálogos amorosos entre el Creador y su criatura, entre Dios Padre y sus hijos. Diálogo que llega a su cumbre en Cristo Jesús, Palabra de Dios hecha carne. Y éstas son las palabras de Dios: Padre, Hijo, hijos, amor, fe, esperanza, caridad, expresadas en un anhelo: “os lo aseguro: estaréis conmigo en el paraíso”. La muerte es una cita que concierta el Señor, no depende de nuestra agenda. Pero la promesa de Dios es más fuerte que la destrucción: “El que cree en mí, aunque muera vivirá. Mi palabra es palabra de vida eterna”.

Alfonso Crespo, sacerdote