sábado, 27 de febrero de 2010

Subamos al Tabor

Domingo II Cuaresma. Ciclo C
Gn 15, 5-12.17-18; Sal 26, 1.7-14; Flp 3, 17 - 4,1; Lc 9, 28b-36

La Cuaresma es una peregrinación hacia la Pascua que sitúa su punto de partida en la alianza que Dios ha hecho con el hombre, y cada Eucaristía es un don precioso para la Iglesia porque necesitamos la presencia del Señor en medio de nosotros para mantenernos como hombres esperanzados en medio de nuestro mundo. Hoy somos convocados, una vez más, para escuchar la Palabra de Dios y participar en la “fracción del pan”, en este Segundo Domingo de Cuaresma donde se nos presenta la Transfiguración del Señor.

Ser cristianos exige de nosotros creer en Dios y fiarnos de Dios, como lo hizo Abrahán, el padre de los creyentes. El prototipo del creyente que escucha y cree en las promesas de Dios es Abrahán y es lo que hemos escuchado en la primera lectura del libro del Génesis: Abrahán escucha y acepta el plan de Dios. Cree, acepta y vive lo que Dios le propone. Qué ejemplar enseñanza para cada uno de nosotros, en nuestro camino de fe. En la segunda lectura, tomada de la carta de san Pablo a los Filipenses, vemos que Pablo se encuentra en la cárcel y habla de su tristeza al ver a algunas personas centrarse en el presente y rechazar el camino trazado por Cristo.

Cuántas veces nos dejamos conducir por nuestros instintos más primarios en lugar de abrirnos a la vida nueva que el Señor nos ofrece diariamente. San Pablo nos invita a no desanimarnos y a permanecer firmes en el camino emprendido. Y, en el evangelio, san Lucas nos presenta el relato de la Transfiguración: es el momento en el que se anticipa la gloria del Señor en el camino a Jerusalén. Cristo no nos engaña; el camino para la glorificación pasará por el sacrificio en la cruz. En el monte Tabor, Jesús aparece con Elías y Moisés que conversan con Él.

Jesús los supera, llevando a plenitud la Ley y los Profetas del Antiguo Testamento. Así vemos que Elías representa los profetas y Moisés representa la Ley del Antiguo Testamento. La actitud del creyente ante “El Hijo amado de Dios”, Jesucristo, es escuchar. Esa es hoy nuestra tarea. Es necesario superar la tentación del espiritualismo que se desentiende de la vida concreta y del mundo, el divorcio entre la fe y la vida... Hoy tendríamos que suplicar, con verdadero deseo, que nuestra actitud de creyentes nos lleve por sendas de conversión para escuchar a Jesucristo y dar testimonio de Él. Pidamos en nuestra oración que el Espíritu Santo nos dé la fortaleza para que nada pueda apartarnos del amor de Dios, manifestado de una manera especial en cada Eucaristía.

Contemplemos a María para que nos enseñe a mirar a Cristo y peregrinar en esta Cuaresma hacia la Pascua. No nos quedemos ensimismados en nosotros mismos sino que creyendo, aceptando y viviendo lo que Dios nos propone, demos un gozoso testimonio de nuestra fe en cada momento de la vida.

Gonzalo Martín Fernández, sacerdote

jueves, 25 de febrero de 2010

Saturado


Exámenes, trabajos, pastoral, no hay quien saque tiempo para relajarse, si lo saco luego me falta tiempo... Están siendo días cortos, pero espesos, saturados.

Este fin de semana tenemos convivencia de JMV, por un lado relajación, finde de relax, pero por otro lado aogbio, agobio porque a Nacho y a mí nos toca exponer un tema, me está llevando tiempo, y tengo miedo de no explicarlo bien en cuanto a cantidad y calidad, y por otro lado mi grupo debería tener ya un videoforum listo y aún estoy tirando de ellos porque algunos ni se pronuncian... a ver como sale la cosa.

Ya me han dado las notas del semestre, he aprobado 3 de los 4 exámenes (el suspenso BASTANTE mal, de hecho el profesor ha preferido poner No-presentado), y aún tengo trabajos por terminar...

Comienzo un nuevo semestre con trabajo pendiente, con fin de semanas hasta arriba de cosas, y con muchas ganas de disfrutar un poco... este verano voy a tener que estudiar, me lo estoy viendo...

Si no tengo suficiente con los findes, los próximos 3 y 4 de marzo viene la cruz de las JMJ a mi parroquia y habrá actividades que conllevan preparaciones y evaluaciones...

Miro hacia atrás: trabajos pendientes que se trasladan al presente

Miro hacia adelante: Convivencias, Pascua, Ejercicios, Boda, Comunión...

Saturación, saturación por todos lados que no me permiten ni siquiera "perder tiempo" para sentarme a leer o a escribir, ojalá la cosa vaya aflojando un poco, porque ahoga...

Aún así tengo tiempo para vosotros, en mis momentos para mí (aunque sea antes de dormir), puedo relajarme pensando en todos los que estáis atentos a mi vida, y pidiendo a Papi que me ayude, yo también le pido por vosotros, por los enfermos, por los tristes, por los que estáis solos, por los que buscáis sonrisas, amor, en general por los que estáis vivos (y también por los que ya no están)

No me olvido de las navidades, aunque a este paso las contaré en verano...

sábado, 20 de febrero de 2010

¿El final? Resurrección

Domingo I Cuaresma. Ciclo C
Jr 17, 5-8; Sal 1, 1-6; 1Co 15, 12.16-20; Lc 4, 1-13

La Cuaresma es una peregrinación hacia la Pascua que sitúa su punto de partida en la alianza que Dios ha hecho con el hombre. Todo arranca del designio salvador de Dios que ha hecho una opción decidida por la salvación y la felicidad del ser humano. Cada Cuaresma es una oportunidad más para volver al Dios vivo, manifestado en Jesucristo.

La primera lectura, del libro de Deuteronomio, retoma la más antigua confesión de fe de Israel. El pueblo de Israel es consciente de haberse puesto en camino con la ayuda de Dios. Después fue liberado de la esclavitud de Egipto. Después del éxodo, el pueblo conquista la tierra de la abundancia, Canaán, y reconoce que todo esto es un don del Dios que hace vivir y como agradecimiento, ofrece sus bienes en sacrificio.

San Pablo muestra cómo el judaísmo oficial ha echado en saco roto el verdadero sentido de la llamada de Dios. La relación de Israel con Dios ha quedado marcada por una concepción mercantilista: a cambio de una escrupulosa observancia de la Ley se tiene derecho a la bondad divina y al éxito final. Esta visión falsea el verdadero rostro de Dios y ha conducido a rechazar a Jesús y su mensaje de misericordia infinita. La Palabra de Dios, manifestada en Jesucristo, anuncia que las personas son amadas y son liberadas por pura gratuidad de Dios.

En el evangelio de san Lucas se nos subraya que, después del Bautismo, Jesús fue tentado: Para comprender la propuesta y el seguimiento de Jesús necesitamos volver al desierto, símbolo y señal de la alianza y del encuentro con Dios... El descubrimiento de un Dios que salva y libera de los designios del mundo. El Espíritu empujó a Jesús al desierto; se dejó tentar por Satanás. Las tentaciones deberían ser leídas como un resumen de los desafíos que Jesús, como siervo de Yahvé, tuvo que superar para ser fiel hasta el final: la tentación de la seguridad, de la vida sin riesgo, del buscar su propio provecho, de una vida centrada en el poder y en el prestigio para dominar a los demás; la tentación de un Mesías que busca ser servido en vez de servir... donde Israel sucumbió, Jesús se mantuvo fiel.

Vivamos esta Eucaristía en clave de fidelidad y de renovación interior para creer y vivir el Evangelio, para convertirnos siempre y volver nuestra vida a Jesucristo desde la fuerza del Espíritu Santo. Supliquemos la fidelidad, como nos recordaba el salmo, y peregrinemos hacia la Pascua, acompañados por la ayuda maternal de María.

Feliz día del Señor, feliz y santa Cuaresma.

Gonzalo Martín Fernández, sacerdote

sábado, 13 de febrero de 2010

Bienaventuranzas

Domingo VI T. Ordinario. Ciclo C
Jr 17, 5-8; Sal 1, 1-6; 1Co 15, 12.16-20; Lc 6, 17.20-26

¿Cuántas humanas esperanzas quedan sin realizarse; cuántos anhelos truncados; cuántos deseos insatisfechos?... El hombre no encuentra en sí mismo la capacidad de alcanzar la meta de sus aspiraciones y deseos más íntimos: “¡Ay de vosotros, los ricos… ¡ay de vosotros, los que estáis saciados… ¡ay de los que ahora reís… ¡ay si todo el mundo habla bien de vosotros…” Nuestra corporeidad se abre a la trascendencia, nuestro “yo” más íntimo se realiza en la común-unión, nuestro ser queda potenciado y adquiere sentido en la medida que nos dejamos abrazar por Otro que revela en nosotros su impronta personal amándonos y reconociéndonos como “imagen y semejanza” suya: “¡bendito el que pone su confianza en el Señor!”

Y ¿cuántas esperanzas, anhelos y deseos quedan alcanzados, logrados y cumplidos?: “Bienaventurados los pobres, los que pasan hambre, los que lloran, los proscritos y excluidos… porque vuestro es el Reino, quedaréis saciados, reiréis, tendréis recompensa”.

Habrá muchas medidas humanas, quizás tantas como esperanzas aniden en el corazón del hombre; pero sólo hay una talla perfecta de Hombre: “el hombre Cristo Jesús”. Él se nos ha dado por entero y se ha realizado como Evangelio, en Él las aspiraciones y esperanzas más nobles de la Humanidad quedan satisfechas, Él ha muerto por nosotros y ha resucitado por nosotros, con Él nuestra vida se llena de esperanza, Él es la esperanza de nuestra vida.

En este Año Sacerdotal, mientras experimentamos la fidelidad de Cristo, nuestra fidelidad a favor de la justicia, los derechos humanos, el progreso y desarrollo de los pueblos… ha de afianzarse como una experiencia prometedora y firme, ¿no será éste, quizás, el reto que nos presenta Manos Unidas, en su Campaña contra el Hambre, cuando nos impulsa a apretar las manos de los que tanto esperan y a los que el Señor Jesús llama: “bienaventurados”? ¿Asumimos el reto?

Juan Manuel Barreiro, sacerdote

sábado, 6 de febrero de 2010

Jesús nos ha pescado



Domingo V T. Ordinario. Ciclo C
Is 6, 1-2a.3-8; Sal 137, 1-8; 1Co 15, 1-11; Lc 5, 1-11

Reconozco que tengo un profundo sentimiento de gratitud por las personas que influyeron de manera decisiva tanto en mi vida personal como en mi vida cristiana y sacerdotal. Con ellos me siento un hombre enraizado en una experiencia de vida, en una familia humana y en la Iglesia. Gracias a ellos, fundamentalmente, soy el hombre, el cristiano y el sacerdote, que soy.

“Hermanos: os recuerdo el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando... y que os transmití, tal como lo había recibido...” Somos cristianos, miembros del Pueblo de Dios, la Iglesia, porque, en Jesucristo, hemos sido incorporados a ella por la Palabra y el Bautismo recibido y hemos crecido, con conciencia de “hijos de Dios”, por la oración y los Sacramentos.

Pueblo de Dios que, por Jesucristo, se enraíza en el Evangelio recibido y acogido y que ha de ser fielmente transmitido; pueblo fraterno con vocación de “hijos”, que se significa en la comunión de acciones como el servicio en favor de la justicia, el amor y la paz. Pueblo de consagrados con la unción del Espíritu, a los que Jesucristo ha rescatado del pecado por pura gracia y su gracia en mí no se ha frustrado, que nos impulsa, a pesar de cansancios, limitaciones, incomprensiones..., a “remar mar adentro”, confiando en su Palabra, que nos da confianza por encima de nuestros miedos y asombros, y nos abre un sorprendente nuevo futuro en la medida en que lo sigamos con fidelidad.

Pueblo del amor de Dios, llamados, como Cristo, a dar testimonio de este Amor y a ofrecerlo con vocación de sacerdocio común por el bien de todos. También en este Año Sacerdotal la voz del Señor, sigue clamando con nitidez: ¿A quién enviaré? ¿Quién irá por mí? Sin duda que nunca faltará quien, escuchando a Dios, se preste: “Aquí estoy, ¡mándame!”, y se confirmará la misión: “Ven y sígueme”.

Juan Manuel Barreiro, sacerdote

sábado, 30 de enero de 2010

El hijo del carpintero camina con su Padre del cielo

Domingo IV T. Ordinario. Ciclo C
Jr 1, 4-5.17-19; Sal 70, 1-6.15.17; 1Co 12,31-13,13; Lc 4, 21-30

He tenido la oportunidad de escuchar de sacerdotes, consagrados y seglares -hombres y mujeres, adultos y jóvenes, matrimonios y célibes- y compartir con ellos experiencias de la propia vida que me han impactado. Entiendo que se da un denominador común en la mayoría de estas experiencias comunicadas: ser “invitados” a una novedad de vida y sentir que los propios límites de uno mismo, se“agrandan” o amplían sin medida. Yo, además, tengo grabado en lo profundo de mi ser la sensación de sentirme “favorecido” por la confianza que Alguien ha depositado en mí y a la que trato de no defraudar con agradecimiento y esforzada dedicación y empeño, envuelto en debilidad y, reconozco que también con algunos “recelos”.

“Te escogí… te consagré… te envío… Yo estoy contigo para librarte”. Jeremías toma conciencia de su vocación como profeta. ¿Cuántos nos vemos identificados con esta llamada-invitación?, ¿o con esta consagración-misión?, ¿o con esta fiel compañía favorable?... La conciencia de sentirme un vocacionado, me hace bien, me hace feliz. Y la razón primera y última de esta elección-consagración-misión es alcanzar y disfrutar lo excelente, lo máximo, en cristiano, “ambicionando lo mejor”. Para ello el camino mejor es el amor. Amor paciente, afable, no envidioso ni presuntuoso, no egoísta ni mal educado… Un amor así, no pasa nunca, no se acabará.

“Comenzó Jesús a decir en la sinagoga: Hoy se cumple esta Escritura… y todos le expresaban su aprobación”. En la celebración del Año Sacerdotal el Señor Jesús sigue llamando y prolongando el HOY de la salvación ¿le expresamos nuestra aprobación y admiración con un firme compromiso eclesial expresado en la colecta extraordinaria de Cáritas a favor de los damnificados de Haití, en la celebración eucarística de este domingo, certificando, así, que el amor lo puede todo?

Juan Manuel Barreiro, sacerdote

viernes, 29 de enero de 2010

Sonidos...


Habrá quien también le suene… hoy me han inspirado… es una forma curiosa de describir mi mañana…
06:37 Primera alarma: Wegue Wegue (no es Wiki Wiki), aún quedan unos minutos… 06:43 Segunda alarma: Looking for paradise, esta no es la definitiva… 06:48 Tercera y última alarma: Marcha fúnebre (su elección denota lo que me gusta levantarme), es hora de cambiar lo horizontal por lo vertical y viceversa… Oigo pasos en el pasillo, Nacho ya está activo mientras yo aún ando en el gerundio… Enciendo mis móviles, el vibrador me transmite los buenos días de personas de varios puntos de España… El pantalón de nylon genera electricidad estática (que ya me encargaré de transmitir involuntaria y directamente al codo de mi compi). Llaves, cremalleras, cisternas, ya estamos listos para bajar a desayunar (hoy no tenemos horario normal, lo cambiamos por la presencia de un examen). El ordenador se ha reiniciado y está listo para volver a conectarse. Abajo escucho mi vaso de leche que entra en el microondas por una mano ajena, me están esperando. Puertas que hay que tirar después de cerrar para que no se vuelvan a abrir solas. Cerraduras ruidosas, escalones nada sigilosos, olor a pan recién tostado… Tapas del café y de la azúcar, cucharas que remueven, pan que cruje, galletas que se rompen, sorbos que evitan manchar el mantel… risas que lo acompañan todo… ahora agua, vasos en el fregadero, coche que arranca, portón tan discreto o más que las escaleras, partimos para la uni… Por el camino escuchamos laudes en un CD, hoy no nos lo perdemos… Misericordia Dios mío, misericordia… Sincronizados con la bendición final se para el coche en el aparcamiento, se apaga el motor, se abren las puertas… que frío… un silencio sepulcral, la humanidad aún duerme o está oyendo ahora las cucharas y las galletas… sala de lectura… ¿Por qué se llama así? Si lo que menos puedes hacer es leer, aquí no hay silencio, la gente cuchichea sin parar… Cremalleras, folios, lápices, comenzamos a oír la materia en nuestra cabeza, pero no hay silencio… “¿Qué hora es?” Pregunta una chica a su compañera, Nacho se adelanta y contesta “las 8:15”, “gracias”, y se hace el silencio… aunque no por mucho tiempo… abre puerta, cierra puerta, que trajín se traen, al final la rompen… Vibra mi móvil en el bolsillo, es hora de que Nacho se marche al examen, últimos avisos, un abrazo, “suerte”… Me tomo un descanso, abro mi correo y echo un ojo al blog, repaso entradas anteriores, “Sonidos”, ese lo leí por encima (lo siento), ahora lo leo tranquilo mientras resuena Amelie en mi cabeza, abro Spotify y al sonido de acordeón, un reloj, una bicicleta, un piano… imagino los sonidos que leo… hoy me siento inspirado… es una forma curiosa de describir mi mañana…

Aún me quedan dos exámenes y todos los trabajos por comenzar, de momento los que he hecho no han salido demasiado mal, hay esperanza. Continúo con mi trabajo, seguiremos informando…

sábado, 23 de enero de 2010

"El espíritu de Dios está sobre mí"



Domingo III T. Ordinario. Ciclo C
Ne 8, 2-4a.5-6.8-10; Sal 18, 8-10.15; 1Co 12, 12-14.17; Lc 1,1-4; 4,14-21

Con la fuerza del Espíritu, Jesús camina, enseña, ora, proclama la Palabra. Jesús “Hombre del Espíritu” cuenta con la alabanza y aprobación de la gente que lo escucha, que ve sus signos, que participa de su acción salvadora, que hace camino con Él.

Jesús “Ungido por el Espíritu” suscita el entusiasmo de la gente, su persona, su actividad, palabras y acciones, es el Evangelio que se hace misión con los pobres, cautivos, ciegos, oprimidos.... de ayer y de hoy.

Jesús “Enviado por el Espíritu” congrega en torno a sí, a muchos que son testigos del eficaz cumplimiento, de las promesas de Dios en Él, de sus palabras por las acciones que le acompañan, del “hoy” de la salvación (tiempo nuevo y definitivo) por la presencia actuante del Espíritu en Él que siempre produce alegría.

También “hoy se cumple esta PALABRA que acabáis de oír” en nosotros, la Iglesia, en muchos que tienen los ojos fijos en Él, en muchos que escuchan y ponen por obra esta palabra viva y eficaz, en muchos que se dejan poseer por la Palabra, la encarnan y revelan de modo actualizado el Evangelio.

También “hoy”, Año Sacerdotal, el Evangelio es anuncio-misión, con los niños protagonistas en la Jornada de la Infancia Misionera, conmigo, contigo, con nosotros, pues “ayudar a Dios a ser más conocido, ayudar a los hombres a conocerle, es nuestra misión” (Martín Descalzo).

Si como expresó la B. Teresa de Calcuta “la primera pobreza de los pueblos es no conocer a Cristo”, siento la urgencia como cristiano, como sacerdote, como iglesia “miembro del Cuerpo de Cristo… donde todos por igual se preocupan unos de otros”, de seguir anunciando el Evangelio -palabras que son espíritu y vida-. Otra vez más con Martín Descalzo: “Me encanta esta profesión de ir por las calles diciéndole a la gente que Dios le está amando”.

Juan Manuel Barreiro, sacerdote

Exámenes febrero

Comienzan los exámenes, más bien, ya han comenzado. Mi compi comenzó el lunes pasado, y cuando él, en el día de ayer, tomaba el primer plato yo tomaba los entremeses de lo que será un menú del día no muy largo aunque no por ello sencillo.

Después de enfrentarme al Elogio a Ciro, del libro primero de Anabasis, del historiador griego Jenofonte, por su puesto en Griego, cesan las clases para prepararnos, el miércoles llegará Hª de la Fª Moderna (Descartes, Locke, Hume, Rousseau…), el lunes siguiente Fª del Lenguaje (búscalo en Internet, no sabría explicarlo en una frase), terminaré el miércoles con Fª de la Religión (su nombre lo indica, la parte de la filosofía que habla de Dios). Y ese día comienza el postre, trabajos, trabajos y más trabajos… KANT – Introducción a la Crítica de la razón Pura (Moderna), MIGUEL GARCÍA-BARÓ – Del Dolor, la Verdad y el Bien (Religión), MEMORIA ¿Qué es la Ética? (Ética)…

En fin, espero que todo esto acabe pronto y lo mejor posible para todos, D.M.

Sigue pendiente mi crónica sobre mis navidades...

sábado, 16 de enero de 2010

"Haced lo que él os diga"





Domingo II T. Ordinario. Ciclo C
Is 62, 1-5; Sal 95, 1-10; 1Co 12, 4-11; Jn 2, 1-11

La Liturgia nos adentra en el Tiempo Ordinario que tiene de extraordinario la oportunidad de ofrecernos a todos los bautizados seguir profundizando en el Misterio de Cristo, desde el acontecimiento de la Pascua de Resurrección y Navidad-Epifanía que recientemente hemos celebrado, y vivirlo en el desarrollo de la vida de cada día, todos los días.

Jesús sigue manifestando su gloria con signos eficaces de gracia, de amor. Amor apasionado, alegre, festivo, divino de Dios-Esposo con su Esposa-cada persona-la Iglesia-la Humanidad, engalanada por el Espíritu con variedad de dones, servicios y funciones que facilitan la comunión vocacional, fraterna, de misión para el bien común. En el episodio de la boda de Caná, en Galilea, “misterio de luz” con la presencia de la Virgen María, donde el Señor Jesús es también invitado con sus discípulos, la celebración se hace Fiesta con el “vino bueno” (de la Alianza nueva y eterna), en la que la Madre de Jesús provee el paso de la Antigua (“no les queda vino”) a la Nueva y definitiva Alianza.

El signo realizado por Jesús manifiesta su gloria y al ser contemplado por sus discípulos hace crecer la fe de éstos en Él. En este Año Sacerdotal, donde estamos llamados a explorar y redescubrir la grandeza de este sacramento, perseverando en la amistad de Dios y que nos santifica en la verdad, participar este domingo del banquete Eucarístico que anticipa el banquete del Reino, de las bodas del Cordero, nos hace “contar las maravillas del Señor a todos” y nuestra oración con el profeta se hace misión: “por amor... no callaré, no descansaré, hasta que rompa la aurora de su justicia y su salvación llamee como antorcha”.

Juan Manuel Barreiro, sacerdote

martes, 12 de enero de 2010

De vuelta a la uni

¡Cuánto tiempo! Estas navidades no he cumplido con vosotros, ni con la uni, ni con el blog. En resumen, me ha dado tiempo de disfrutar de la familia (y ellos de mí) y de ver a viejos y no tan viejos amigos. Espero poder extenderme en otra ocasión, pero hoy tan sólo quiero saludaros y haceros llegar mis impresiones de hoy (omito todo lo vivido, sentido y sufrido estas vacaciones, ya lo haré)

Ayer comenzó la mañana con (buenas) noticias sobre la uni: “han cancelado todas las clases en Madrid”, bien, así podremos trabajar en casa. Trabajamos hasta las 10, hora a la que nos tomaríamos un descanso para bajar a MoviStar (pues se me ha estropeado el móvil), allí me dicen que ellos no envían a Servicio Técnico (cosa que no concuerda con lo que me dijeron en Cádiz), que tengo que acercarme a Guzmán el Bueno 37, bueno pues allá vamos. Cogemos el metro en dirección a esa estación, nos bajamos, buscamos el 37 y allí no hay nada, preguntamos a la gente y nadie le suena lo del Servicio Técnico de Sony Ericsson, menos mal que Nacho dijo “estamos en la estación de Guzmán el Bueno, pero no tiene por qué ser la calle, lo comprobamos y así era, no estábamos en la calle correcta, preguntamos y ¡bien, está ahí mismo! Miramos el número y pone ciento cuarenta y pico… Más de cien números por recorrer… Pues nada, ya que hemos llegado hasta aquí… Bajamos, bajamos, bajamos, bajamos… Aún faltan unos números cuando veo una tienda que pone en grande “Sony Ericsson”, es el número 43, pero yo voy a preguntar, por si acaso… menos mal que pregunto, resulta que en el 37 hubo hace años un S.T. de Siemens, pero ya no está… Cuando terminé la gestión me dice que el metro más cercano es Argüelles, o sea, a tres o cuatro paradas de donde nos bajamos, 10min de recorrido en metro, os podéis imaginar cuánto tardamos andando… y con hielo y nieve…


La tarde la omito, y paso al día de hoy, que cómo podréis comprobar por la hora de la actualización, no tengo clase, el profesor tiene que venir desde lejos en tren y no llega, así que hasta las 11:10 no tengo clase… voy a aprovecharlo…


Cuando tenga otro ratillo os pondré al día de mis vacaciones…

Ahh, y Feliz año! jeje

sábado, 9 de enero de 2010

Por el bautismo nos acoges



Domingo Bautismo del Señor Navidad. Ciclo C

Is 42, 1-4.6-7; Sal 28, 1-4. 9-10; Hch 10, 34-38; Lc 3, 15-16.21-22

Hoy celebramos una nueva epifanía: la manifestación del Mesías en su bautismo. Jesús va a comenzar su vida pública, proclamando, con palabras y obras, la Buena Nueva. Por eso, hoy el Padre nos lo presenta, solemnemente.

En un clima de oración y de solidaridad, Jesús entra en el río Jordán, asumiendo toda la realidad humana y cargando con el pecado del mundo, para ser bautizado por Juan. El Espíritu penetra hasta lo más íntimo de su ser y cambia su vida. Se siente ungido y enviado. Y deja su familia para evangelizar a los pobres, curar a los enfermos, liberar a los cautivos, perdonar los pecados y predicar el Reino de Dios. Lo hará como Hijo y como siervo de la humanidad.

Pero este Hijo tiene un estilo propio de actuar: el miedo, que nos separa, se hará amor, que une los corazones. Elegirá servir a dominar, darse a recibir, ser a tener y aparentar, curar a herir, perdonar a castigar, ofrecer a imponer. Y que nadie se confunda. Oigamos al cielo: “Tú eres mi Hijo, el amado, mi predilecto”. No es un soñador. Es el Hijo, la Palabra definitiva de Dios. Dirán de él que nadie habló con tanta autoridad. Ni las amenazas de los poderosos, ni los sofismas de los letrados lo alejarán del proyecto del Padre. Será libre, por ser pobre y, al ser libre, libertador.

Santo, como el Padre, fiel, misericordioso, “pasará por el mundo haciendo el bien”. Es nuestro hermano, sí, pero también nuestro Señor, la gran oportunidad para que nadie se pierda y todos se salven.

En el bautismo fuimos incorporados a Cristo, como los sarmientos a la vid, y ungidos con el crisma de la salvación para ser sacerdotes de un culto nuevo: la entrega gratuita a los demás; profetas de la esperanza, que anuncian el reino y denuncian cuanto lo impide; y reyes, señores de la libertad para amar y servir. Con el Espíritu recibido, podemos “sentir” al Padre: “tú eres mi hijo”. La Eucaristía es el culmen de la unción bautismal. Nos hace cuerpo de Cristo y nos compromete a vivir el amor de hijos y el servicio de hermanos.

Que venga a nosotros el reino ¡Sed felices! Oremos para ser libres y felices. Esto no es egoísmo fratricida sino fraterna autoestima: “Amarás a tu prójimo, como a ti mismo”. Que nos apasione, como a Jesús, el reino de Dios y su justicia, la vida abundante y feliz para todos (Jn 10,10). Si no eres feliz, amargarás la vida a tu barrio. Alguien, sin corazón ni entusiasmo para vivir, acabó con seis millones de semejantes. Dios te manda flores cada primavera y un luminoso amanecer, con la sinfonía de los pájaros, cada mañana. Quiere vivir en tu corazón. ¡Está loco por ti! ¿Y tú? Hasta siempre, amigos. Un abrazo.

Antonio Ariza, sacerdote

sábado, 2 de enero de 2010

Seamos luz que conduzca a Jesús



Domingo II Navidad. Ciclo C
Si 24, 1-4.12-16; Sal 147, 12-15.19-20; Ef 3-6.15-18; Jn 1, 1-18

Hoy contemplamos, nuevamente, el misterio de la Navidad, pero desde una dimensión más teológica y poética. El prólogo del cuarto evangelio tiene su origen en un antiguo himno cristiano, a modo de villancico, que expresaba y celebraba la fe de la comunidad en Cristo, como Palabra eterna de Dios, su origen intemporal, su categoría divina y su influencia en el mundo y en la historia. El evangelista lo adoptó, haciendo algunas modificaciones.

Dios tenía un proyecto: la nueva humanidad divinizada, reflejo de lo que será el Hombre Jesús. Solidario con nosotros, en un amoroso vuelo, bajó para encarnarse en las entrañas de una mujer: “La Palabra se hizo carne”. Es la afirmación más profunda de la teología cristiana.

Las tinieblas quisieron, pero no pudieron sofocar la luz. Es el misterio de la Encarnación, difícil de aceptar en el ayer (docetismo, arrianismo, monofisismo, monotelismo…) y en el hoy de la Iglesia. Encarnarse es bajar y meterse en el fango, en el drama del mundo, en el lugar más bajo y humilde, ¡como un amigo! La palabra carne, en griego “sarx” –¡cómo la dice D. Manuel Pineda!– manifiesta el abajamiento, la kenosis, la humillación de que nos habla Pablo en su carta a los filipenses (2, 6-8).

Acampó, como uno más: nació niño, como todos, y pobre, como la mayoría. Escogió el camino de la humildad y del servicio, de la solidaridad y de la misericordia.

La Palabra no se encerró en los libros ni en el Templo, sino que se alojó en la calle de la Humanidad, como pan de vida (Jn 6,22-58) y agua viva (Jn 4,10-16) para el hambre y la sed de la gente y como luz del mundo. Pero “vino a su casa y los suyos no lo recibieron”. La causa del rechazo fue la ceguera para ver y amar a Jesús.

¿Y nosotros? ¡La Palabra se sigue encarnando en el pobre, en el enfermo, en todos los hombres! (Mt 25, 31-46). “Y hemos contemplado su gloria”. Esa gloria de Dios se revela en el servicio que se ofrece desde lo más bajo. Es quitarse el manto, como Jesús, coger la toalla y ponerse a lavar los pies, servir al prójimo para que viva feliz. “Los que reciben la Palabra pueden llegar a ser hijos de Dios”. “Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!

Que el Señor nos acompañe cada día en este año que comienza y que el encuentro de los domingos en la Eucaristía sea signo, acción de gracias y experiencia de esta compañía. Que venga a nosotros el Reino. ¡Sed felices!

Antonio Ariza, sacerdote

sábado, 26 de diciembre de 2009

Dios deja a su Hijo en la tierra



Domingo IV Adviento. Ciclo C
Si 3, 2-6.12-14; Sal 127, 1-5; Col 3, 12-21; Lc 2, 41-52

Hoy, día de la Sagrada Familia, recordemos a tantas familias abrumadas por sus problemas. Y preguntémonos: ¿Es la familia de Nazaret un espejo donde ellas pueden mirarse? ¿O sólo es el modelo para las familias perfectas?

La familia de Jesús tuvo problemas. Unos venían de fuera: las angustias de la pobreza, del rechazo de la gente, del desamparo, de la persecución, del destierro… Otros nacían dentro: las dudas de José, mientras María, indefensa, veía cómo se humedecían los ojos de su esposo; el hijo, que traía a sus padres de cabeza. No comprendían sus palabras ni sus actitudes, cuando despuntaba su autonomía personal: “Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados”. Como ocurre hoy entre tantos padres e hijos. Pero la familia es el triunfo del amor, que tiene su origen en Dios, a cuya imagen fuimos creados.

Las tormentas familiares, ante el Amor, se convierten en arco iris de paz, en comunión de vida. Ahí, en la realidad más hermosa, importante e influyente de la humanidad, aprendemos a crecer como personas.

En algunos ambientes, se ha absolutizado un modelo de familia de “solidaridad cerrada”- mi sangre, mi grupo, mi raza-. Jesús relativizó el valor de este tipo de familia: “mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y cumplen su voluntad” (Lc 8, 20-21). En Nazaret se amaron con ese amor que sabe salir de sí, perdonar, dialogar, confiar, respetar, comprender, darse a los demás. “Su uniforme era: la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión…y, por encima de todo esto, el amor”.

Cristo, conviviendo en una familia, purificó y redimió esta realidad para convertirla en fuente de bendición y alegría, en sacramento de la presencia de Dios. Él vino para dar vida a una gran familia en el Espíritu: los creyentes que, sentados a la mesa de Cristo, son un espacio amoroso de humanización, de personalización, de encuentro gozoso con el Señor, de interioridad, de fuente de solidaridad y libertad, de búsqueda común de respuestas y soluciones a los problemas del momento. Ojalá nuestra Iglesia peregrine en esa dirección y que suceda igual con nuestras familias para que sean una íntima comunión de vida y de amor, una cuna y escuela de humanidad y una iglesia doméstica.

La Eucaristía es una experiencia de familia. Celebra el amor del Padre, entregado en el Hijo y en el Espíritu, y el amor de los hermanos, congregados para compartir la misma mesa. Que venga a nosotros el Reino. ¡Sed felices!

Antonio Ariza, sacerdote

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Feliz Navidad


Pauperibus evangelizare misit me. ¡Qué dicha, padres, qué dicha!
¡Hacer aquello por lo que nuestro Señor vino del cielo a la tierra,
y mediante lo cual nosotros iremos de la tierra al cielo!
¡Continuar la obra de Dios, que huía de las ciudades
y se iba al campo en busca de los pobres!
En eso es en lo que nos ocupan nuestras reglas:
ayudar a los pobres, nuestros amos y señores.
San Vicente de Paúl


. Que el amor de Dios hecho hombre, y la fuerza del espíritu que volvió a nosotros a través de San Vicente os acompañe y os colme de gozo en estos días de fiesta. Que el consumismo no entre en vuestras vidas y seamos capaces de compartir con los que más lo necesitan.

. Compartamos nuestra sonrisa al menos durante estos días, sólo Dios sabe cuántos se contentarían sólo con poder disfrutar de ella.

. Rezad por mí como yo lo hago por vosotros, todos necesitamos de Dios, tanto en los momentos buenos como en los no tan buenos.

. Gracias por ser parte de mi vida y por acompañarme y apoyarme en mi camino.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Isabel y María unidas en el espíritu

Domingo IV Adviento. Ciclo C
Mi 5, 1-4a; Sal 79, 2-3. 15-19; Hb 10, 5-10; Lc 1, 39-45

Este cuarto domingo de Adviento hace inminente la venida del Salvador. El pueblo, las masas de hombres sencillos, pobres, anónimos, explotados… continúan esperando en su vida, consciente o inconscientemente, la llegada de un Mesías. Jesús es el Mesías porque viene a salvar no sólo las almas sino los cuerpos, no sólo los individuos sino las colectividades y estructuras.

Los dones mesiánicos que nos trae son los que necesitamos más: la libertad de todas las esclavitudes que parten del pecado, la justicia, la misericordia, la paz. El Salvador mesiánico no viene a distraer al pueblo, sino a hacerle tomar conciencia de que puede librarse de las cadenas del poder, del odio y de las injustas desigualdades, convirtiendo la humanidad en la casa de la fraternidad. Desde el momento de la Encarnación todo empieza a ser nuevo.

Es la Nueva Alianza: “tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo”. Y, cuando Cristo entró en el mundo, su primera palabra fue: “Sí, aquí estoy para hacer tu voluntad”. Se inicia un nuevo culto. Ya no sirven los sacrificios cruentos ni las víctimas expiatorias. Dios prefiere la misericordia al sacrificio. Dios sólo quiere el amor, nuestra entrega confiada, como la de Cristo y María: “aquí estoy…”

María, embarazada, movida por el espíritu de caridad, se levanta y se pone en camino para visitar a Isabel. La actitud de María, puesta en pie por el anuncio del ángel, nos remite al sentido de la escucha cristiana, que nos debería poner en pie, levantarnos, curarnos, resucitarnos.

Es un impulso contrario a la pasividad o a la pereza. El relato es un canto y un encanto de caridad, de servicio, una sinfonía de alabanza y agradecimiento al Señor. En el origen de todos estos actos está la infinita misericordia de Dios. El Magníficat que proclama María es el canto de los pobres de Yahveh, que confían en Dios porque saben que Él cumple su palabra y ha optado por ellos.

Si no queremos tener una fiesta sin festejar y quedarnos sólo en la cáscara de la Navidad, tenemos que empequeñecernos y, llenos de amor, abrirnos al Otro y a los otros. La Navidad tiene la fragancia, el calor y el color de la humildad, de la solidaridad, de la austeridad y no del consumo voraz y egoísta o de la alegría frívola, chabacana, postiza. Que la Madre de la Caridad y de la Visitación nos ayude a ser para los otros un hermano y que ellos nos vean y sean para nosotros como un regalo del cielo. La Eucaristía nos invita a “salir” de nosotros para entregar la vida cada día de nuestra biografía. Que venga a nosotros el reino.

¡FELIZ NAVIDAD!

Antonio Ariza, sacerdote

domingo, 13 de diciembre de 2009

El camino para llegar a Jesús pasa por la Justicia


Domingo III Adviento. Ciclo C
So 3, 14-18a; Sal Is 12, 2-6; Flp 4, 4-7; Lc 3, 10-18

Hoy es el domingo de la alegría. Escuchamos una invitación a la alegría auténtica, la que viene del Señor, la que surge desde lo más profundo del alma, como un manantial que llena el corazón, y no la que se vende en los más diversos mercados: un surtido de antivalores (dinero, poder, fama, drogas, sexo…) que, aunque se pregonan como autopistas de la felicidad, conducen a la ruina, a la dependencia y a la muerte.

El domingo Gaudete nos recuerda esta dimensión necesaria de la vida cristiana: “Estad siempre alegres en el Señor”.

La razón más sólida de esta alegría es el amor de Dios, misericordioso y apasionado, manifestado en Jesucristo. Pablo consuela y fortalece la fe de los filipenses: “El Señor está cerca” de cada ser humano. Es parecido a lo que dice el ángel a María: “El Señor está contigo”. Y, “si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?”, añade Pablo en otro lugar. Sofonías nos dibuja a un Dios enamorado, “que se goza y se complace en ti, que te ama y se alegra con júbilo”, que baila alegremente. ¿Qué imagen tenemos y proyectamos de Dios? La más grande experiencia cristiana es saber, “saborear”, que Dios te ama, nos ama. Y nos quiere no porque seamos buenos, sino porque Él lo es: Dios es amor. Esto no lo entendían los fariseos. Creían merecer la vida eterna por sus méritos. Dios es gratuito, pero no superfluo, dirá González Ruiz.

Revisemos cómo hablamos de Dios y cómo celebramos la fe, el tono de nuestros documentos… ¿Realmente transmitimos la Buena Noticia de Jesús o un código de normas que asfixian? En Jesús sabemos cómo nos mira Dios cuando sufr imos, cómo nos busca cuando nos perdemos, cómo nos entiende y perdona cuando lo negamos.
¡Cuántas ideas raquíticas, falsas, de Dios hay que “desaprender”! El Vaticano ll nos avisa sobre el origen del ateísmo por una exposición deficiente de la doctrina o de la educación en la fe (GS 19).

Ésta es una alegría comprometida y compasiva, no alienante. No está reñida con el sacrificio y el esfuerzo liberador. Juan preparaba los caminos del Mesías, predicando la solidaridad: “quien tenga dos túnicas que las comparta con el que no tiene”; la justicia: “no exijáis más de lo establecido”; la no-violencia: “no hagáis extorsión a nadie”.

Jesús vendrá a cambiarnos la mente y el corazón, con un programa de vida digna y feliz: las bienaventuranzas (Mt 5, 1-13). La Eucaristía es la fuente, el centro y la cumbre de esa vida. Que venga a nosotros el reino. ¡Sed felices!

Antonio Ariza, sacerdote

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Pasó una tarde, pasó una mañana


Muchos kilómetros, bastantes folios, dos horas.

El retiro acabó, el día en Barcelona se aprovechó, hubo tiempo para estudiar y para mirar. Nos despedimos de nuestros cohermanos y volvemos a Madrid.

Intento estudiar por el camino, pero las películas son irresistibles para mí, además llevo un fin de semana con demasiadas cosas en la cabeza, no me vendrá mal despejarme un poco. "Un gran día para ellas", una película entretenida.

Llegamos, nos recibe un Focus blanco con tres abrazos (uno para cada uno) esperando dentro, acompañados, cada uno, con un "¿Qué tal?". Charlamos, nos ponemos al día, llegamos a casa. Deshago las maletas y bajo a la comida, tanto que compartir y tan poca atención...

Una tarde de estudio entre cabezadas, el tema es aburrido, al menos para el que no entiende mucho de esto.

Una cena rápida, una duchita y a la cama. Pasó una noche, pasó una mañana, el día del examen.

Se me olvida coger folios (aunque me los den, no quería arriesgarme), se me olvida coger un bolígrafo de emergencia (menos mal que siempre llevo uno en la maleta, porque efectivamente, dejó de pintar el primero a mitad de examen).

Tras una clase interesante (si, interesante, ¡he cogido hasta apuntes!) de Fª de la Religión, llega el momento. Mi compañera me dice "que el Espíritu Santo nos ilumine" a lo que contesto "sí, pero con un retroproyector y una transparencia, si se puede pedir".

Tengo frente a mí el examen. No parece muy difícil, pero al leer las preguntas, siento como se ha borrado la primera mitad de lo que me miré, menos mal que hay que elegir 2 de 3.

He escrito bastante, más de lo que me esperaba, pero seguro que menos de lo que la profe espera. Todo queda en manos de Dios, yo al menos no estoy triste, pudo ser peor. Además, tan sólo he tenido que esperar 5 min (40 desde que comenzó el examen) a que se levantara el primero a entregar. Me levanto y a trompicones salgo del pasillo, levanto la mirada y la profe con un folio en la mano "¿quieres otro?", "no gracias, si a lo que voy es a entregar..."

Bajo a la cafetería y como algo, a las 13 tengo dos horas de clase más, la "seño" no quería perder horas de clase con el examen, así que nos las ha puesto después.

Por fin, las 14:30, media hora antes, la profe lee en nuestras caras que estamos cansados ¡menos mal, pensé que tendríamos que ponérselo en el retroproyector!

Vuelvo en el tren acompañado por algunos de mis compañeros, y veo como se les cambia las caras cuando los antiguos les adelantamos como serán los exámenes... pobres...

La tarde ha sido un poco relajada, y la tarde-noche muy animada, bajé a comprar con Nacho y como siempre, nos reímos a carcajadas con nuestras tonterías.

El cierre de la noche, lo mejor, un mensajito... Gracias, ya estoy mejor, y yo tb te quiero! ;-)


domingo, 6 de diciembre de 2009

Retiro de adviento

La Oración, la Comunidad, la Misión.

El encuentro personal con Dios, la base de todo hombre es la vida social, la misión de todo cristiano es evangelizar a todos los pueblos.

Está siendo un fin de semana duro, aunque enriquecedor. Estamos bajo el Tibidabo (o como se escriba), en una casa de ejercicios de HHCC. Cinco estudiantes, un hermano, un padre ayer dos hoy.

El día de ayer fue intenso, una corta introducción y mucho tiempo personal, para rumiar todo, hoy me ha cundido un poco menos, hubo mucha conferencia y poco material para trabajar individualmente (a no ser que se tomaran apuntes de lo que decía)...

Cuando más tiempo pasa menos cristiano me veo, más obligación menos devoción, la oración personal se ve ahogada por Laudes, Intermedia, Vísperas... y tengo que remediar eso, o moriré.

Critico, critico, y critico a los que no piensan como yo, a los que no piensan como la mayoría de los jóvenes que vamos llegando, o que llevan poco tiempo. Pero no me miro la viga que tengo en mi ojo, no me miro en el espejo, ¡cuánto por mejorar! Es más fácil criticar la conducta del otro...

Las tres primeras semanas de adviento son escatológicas y la última es mesiánica (16-24dic), es decir, en todo el adviento se habla de la venida de Jesús, pero en las escatológicas se espera la segunda venida, y en la última se espera la primera venida. Tenemos que allanar el camino al señor.

He pasado por diferentes etapas, algunas buenas, otras malas y otras peores, he llegado a derrumbarme, aunque conseguí levantarme pronto, las heridas aún están abiertas. A la pregunta "¿Estás contento?" no sé que responder, porque si digo que sí, estaría mintiendo porque ni estoy totalmente agusto en casa, ni me van genial los estudios, ni nada. En cambio si digo que no estoy contento, también miento, pues estoy en el camino que he elegido, el camino que Dios me ofreció y que elegí en mi libertad, hoy sigo eligiendo estar aquí.

Dios dirá como termina este finde, y como termino el examen... Cuando me lo diga, os lo cuento...

sábado, 5 de diciembre de 2009

Preparad el camino


Domingo II Adviento. Ciclo C
Ba 5, 1-9; Sal 125, 1-6; Flp 1, 4-6.8-11; Lc 3, 1-6

Aun cuando los tres primeros versículos del evangelio –datos históricos– parezcan anecdóticos, son fundamentales. Lucas nos quiere decir que Jesús no es un personaje mítico, sino real, histórico.

Jesús es el nuevo Adán (Lucas remonta hasta él su genealogía), el Hombre Nuevo que nos trae la salvación.

Hacia los años 28/29 de nuestra era, apareció en la escena de Palestina un profeta de Dios, llamado Juan, que recorría la comarca del Jordán “predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados”. Juan viene a preparar el camino al Señor y a denunciar la hipocresía. Él, con María y con los profetas del AT, son los personajes más característicos del Adviento.

Todo parecía estar en orden. Desde su refugio en la isla de Capri, el emperador Tiberio gobierna las naciones, sin que sus legiones tengan que intervenir; Herodes va haciendo su pequeño reino; Pilato rige con dureza la región de Judea; en Jerusalén se vive con una relativa paz: Caifás, sumo sacerdote, se entiende bien con Pilato, en un difícil equilibrio de intereses.

Pero, mientras todo marcha bien, ¿quién se acuerda de las familias que pierden sus tierras en Galilea?, ¿quién piensa en los indigentes, que no tienen sitio en el imperio?, ¿adónde pueden acudir los pobres, si desde el templo nadie los defiende? Allí no reina Dios sino Tiberio, Herodes, Pilato, Caifás.

Ante esta situación, Dios tiene algo que decir. Su palabra no se escucha en la villa imperial. Nadie la oye en el palacio de Herodes, ni en la mansión del gobernador, ni en el recinto sagrado del templo.

“La Palabra de Dios vino sobre Juan, en el desierto”. Esta llamada a cambiar, a abrir caminos nuevos, sólo se puede escuchar allí donde se vive de lo esencial, en la libertad de la verdad, sin las cadenas del tener, del poder, de las apariencias.

Y este es nuestro gran drama. Instalados en la sociedad del bien estar, refugiados en una religión que pasa de la vida (Lc 19, 30-37), vamos olvidando lo esencial. Nuestro modo de pensar y de vivir está bloqueando el camino al Señor. Hay que cambiar: rebajar nuestra autosuficiencia y elevar la dignidad de las personas, como buenos samaritanos, como Jesús.

Pablo pide para los filipenses: “que crezca su amor y la sensibilidad para captar los valores”. La Eucaristía, mesa compartida, anticipa esa realidad transformada de la nueva humanidad. Este domingo nos prepara para la fiesta de la Inmaculada, que nos introduce en el misterio del Adviento. María acepta el misterio de Dios, sin entenderlo, acogiéndolo en su corazón creyente y en sus entrañas solidarias. ¡Ella nos lleva a Jesús! Que venga a nosotros el reino. ¡Sed felices!

Antonio Ariza, sacerdote