sábado, 26 de junio de 2010

Llamados a la libertad de Cristo

Domingo XIII T. Ordinario. Ciclo C
1R 19, 16b.19-21; Sal 15, 1-2.5-11; Ga 5, 1.13-18; Lc 9,51-62

El evangelio de este domingo nos presenta tres vocaciones. El marco en que las presenta el evangelista san Lucas, es muy de su gusto, es un viaje de Cristo y los suyos camino de Jerusalen. Cristo, al que quiera seguirle le pide: despego de los bienes y comodidades materiales, pues el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza, ruptura con el pasado y el presente, incluso con la propia familia, ante el llamamiento de Dios y seguimiento incondicional a Cristo. Y todo esto para quedar libre y disponible y poder anunciar así el Reino de Dios.

Nunca como hoy el hombre ha sido tan sensible a la libertad: prefiere sufrir la pobreza y la miseria antes que la falta de libertad. Esto a nivel de personas y de pueblos. San Pablo hace ya veinte siglos hacía estas revolucionarias afirmaciones, actuales hoy más que nunca sobre la libertad: El cristiano es libre; la vocación cristiana es vocación a la libertad; esta libertad nos la conquistó Cristo; la libertad se expresa y alcanza su plenitud en el amor. Todos somos llamados al seguimiento de Cristo. Por el Bautismo nos hemos incorporado a Él; formamos con Él una unidad íntima: somos su cuerpo, y Él nos hace partícipes de la unción del Espíritu con el que Él fue ungido.

Si es cierto que todos los cristianos participamos por los sacramentos en el sacerdocio de Cristo, también lo es que algunos cristianos han sido revestidos de una “unción especial” en vistas a la edificación del pueblo de Dios. Hombres como los demás hombres. Con sus limitaciones, sus defectos, como todos; con sus cualidades y méritos como todos. Hombres llamados por Dios con una vocación especial. Don gratuito de Dios que da a quien quiere y cuando quiere, ayer, hoy y mañana.

El llamado y agraciado puede ser cualquiera de vosotros, pues no es recompensa sino don. Hombres consagrados con una misión y unas funciones sagradas: evangelizar, consagrar, perdonar; en una palabra: comunicar la vida de Dios a los hombres. Hombres al servicio del pueblo de Dios. Los consagrados no están inmunizados de las repercusiones causadas por la crisis de transformación que sacude hoy al mundo. Como todos sus hermanos en la fe, experimentan también ellos horas de oscuridad en su camino hacia Dios. Más aún, sufren por el modo, tantas veces parcial, con que son interpretados e injustamente generalizados ciertos hechos.

La gran acción y oración sacerdotal de Cristo-sacerdote es la Eucaristía que celebramos. Ejercitamos también nosotros nuestro sacerdocio con Él. Unamos nuestras voces a la de Cristo y pidamos por todos los sacerdotes al Padre con Cristo.

José A. Sánchez Herrera, sacerdote

martes, 22 de junio de 2010

Verano 2010

maxylola.wordpress

Hola! (espero que no sea una entrada demasiado larga...)

En primer lugar debo pedir perdón a lectores y leídos, llevo meses tan liado que no he dedicado tiempo ni a escribir ni a leer, y no tengo perdón... (aunque fuera por estudiar podría haber sacrificado otras cosas y no el blog...)

No voy a profundizar en detalles, a no ser que a alguien le apetezca (en ese caso, comentadlo y creo una entrada nueva con esos detalles)

Después de haber prometido hablar de mi Navidad y no hacerlo, volví a la uni, hice los exámenes de febrero, tuve una experiencia sonora, me saturé, para luego disfrutar en Asunción Castell con JMVSantamarca-SMatías, pasé el día de San José en Salamanca donde me re-encontré con un salmo que conocí cuanto estaba en busca de un proyecto de vida. Todo eso ocurrió y pude dejar constancia de una forma u otra, incluso saqué unos minutos para compartir con vosotros el descubrimiento de Ociozine y de los webmaster, porque el mundo es un pañuelo, pero la familia vicenciana una pañoleta...

Aunque no he compartido mucho más, conseguí ser fiel a mi propósito de compartir cada Domingo el Evangelio según la Diócesis de Málaga, acompañado de imágenes preciosas gracias a Fano.

Hay tantas cosas que se quedaron en el tintero, algunas por desgracia allí quedarán, otras fueron compartidas a través de Facebook o Tuenti, aunque fuera en forma de imágenes.

Ahora, acabé exámenes y trabajos, y, aunque no sé aún las notas ya puedo "elucubrar":

Hª de la Fª Moderna: - Aprobado
Lógica: - Aprobado
Fª del Lenguaje: - Aprobado
Inic. Metafísica: - "Aprobado"
Griego II: - "Aprobado"
Fª de la Religión: - Septiembre [entrevista sobre un libro]
Ética: - Septiembre [trabajo] / 2010-2011
Latín I: - Septiembre [examen] / 2010-2011
Hª de la Fª Contemporánea: - 2010-2011 (2º semestre)
Antropología: - 2010-2011

En total (teniendo en cuenta mis "elucubraciones") he aprobado cinco, y me queda para septiembre un examen, un trabajo (que ya tengo hecho) y una entrevista, para el curso que viene (si apruebo las de septiembre) tendré 2 asignaturas, aunque posiblemente vayan acompañadas con alguna "elucubración" errónea...

En el caso de que tuviera poquitas asignaturas aprovecharía para leer sobre teología, ya que no puedo matricularme si no he acabado con toda la Filosofía...

El curso que viene, Dios Mediante, Nacho y yo seguiremos en el mismo lugar, la Parroquia de san Matías, en Madrid.

Ya está acabado el curso académico, pero aún me queda una comida con mi clase (viernes 25), acompañar a Nacho a coger su vuelo a Londres (Domingo 27) y al día siguiente por la mañana ya estaré yo en Renfe esperando a coger mi tren a Cádiz.

Este veranito tendré como base la casa de mis padres, aunque estaré de campamento del 4 al 10 en Nagüeles (Marbella, Málaga), del 16 al 28 en una convivencia vocacional en Bollullos (Sevilla), desde donde partiremos a Benagalbón (19-23 Encuentro Nacional, y 24-30 Escuela de Catequistas), para volver a casa el 31. El mes de agosto lo dedicaré principalmente a estudiar, aunque claro está, la playa, la bicicleta y los buenos amigos amenizarán los tiempos intermedios. Haré alguna visita a Sevilla, La Línea e incluso, quien sabe, a Málaga.

A finales de agosto volveré a Madrid dispuesto a darlo todo en mi primer "septiembre"! Este año intentaré escaparme de la Semana de Estudios Vicencianos (agosto) para poder estudiar a fondo, así como de la Novena a la Virgen de los Milagros, pues me coincide con los exámenes.

Así pues me incorporaré a san Matías a finales de agosto, la primera semana de septiembre la dedicaré a superar asignaturas y el día 9 nos iremos a Ávila al "Encuentro de estudiantes" junto con los demás seminaristas de España, y allí estaremos hasta el 16, fecha en la que volveremos a la comunidad para prepararnos para el nuevo curso...

Saludos!!

sábado, 19 de junio de 2010

El plan salvador de Dios

Domingo XII T. Ordinario. Ciclo C
Za 12, 10-11. 13,1; Sal 62, 2-9; Ga 3, 26-29; Lc 9, 18-24

Las lecturas de este domingo nos ofrecen una cierta unidad temática en torno al Plan Salvador de Dios: Cristo Jesús aparece como el centro de esta historia de salvación. El discípulo de Cristo, si de verdad quiere seguir el Evangelio, habrá de estar continuamente ajustando “sus planes” al plan de Dios. Frente a nuestros planes: aspirar al poder y a los honores, el prestigio, la comodidad y la seguridad, el deseo de sobresalir o el egoísmo en toda línea, Dios escoge siempre unos medios sencillos y está siempre cercano a los problemas y necesidades del pueblo.

Dios para realizar su plan, no busca sus propios intereses, sino nuestro bien. Se entrega totalmente a los demás. Los medios que Dios escoge para salvarnos son sencillez, humildad, abajamiento y cruz

Dios para continuar su obra de salvación en el mundo, escoge medios sencillos, ocultos y pobres. Los medios por los que Dios nos santifica, los sacramentos, se sirven de elementos corrientes: agua, pan, vino, aceite. Si queremos ser auténticos cristianos, tenemos que cambiar nuestra mentalidad egoísta y soberbia, nuestro afán de dominio, de sobresalir, de prestigio personal, de comodidad, mediante una actitud de sencillez, desprendimiento, humildad y abnegación: seguimento de Cristo.

El Hijo de Dios se rebajó hasta tomar nuestra naturaleza humana, pero se humilló más en su Pasión y muerte. En la Eucaristía sigue esta línea de abajamiento y se hace pan y comida nuestra.

José A. Sánchez Herrera, sacerdote

domingo, 13 de junio de 2010

Mucho se te ha perdonado porque mucho has amado

Domingo XI T. Ordinario. Ciclo C
2S 12, 7-10.13; Sal 31, 1-2.5.7.11; Ga 2, 16. 19-21; Lc 7, 36-8, 3

En el Evangelio de este domingo hay que distinguir la acción que se narra, de la parábola de los deudores que se intercala. La enseñanza última es que Cristo perdona los pecados. Aquí también, como en la primera lectura, hay un encuentro personal entre Dios y el pecador que se arrepiente de su pecado como respuesta-amor al don amoroso de Dios: “Le quedan perdonados muchos pecados, porque tiene mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra”.

Hablar del pecado hoy día, a más de uno le parecerá trasnochado. Se dice, y parece una verdad irrebatible, que el hombre moderno ha perdido el sentido del pecado. Sin embargo, el hombre de nuestros días, lo mismo el creyente como el que no lo es tanto, no ha perdido sino cambiado la atención o centro de gravedad sobre lo que a la gente le preocupa, incluso le angustia. La gente protesta instintivamente ante las injusticias sociales, las inmoralidades administrativas, el desamor en la convivencia humana, la especulación del suelo y de la vivienda, la opresión del debil, y la miseria injustificada de tantos semejantes.

El pecado, más que como una acción o un acto aislado en la vida del ser humano, hay que verlo como una actitud personal y responsable. El pecado radica en una opción personal contra Dios y contra los hermanos.

El pecado es el gran obstáculo en el seguimiento de Cristo; es la pérdida de la salvación y la pérdida de Dios, es la oposición a la voluntad de Dios manifestada en su Ley de Amor, es la mentira radical de la propia vida, es la alianza con las tinieblas y la potencia maligna que se oponen al Reino de Dios. Pero en la vida de toda persona es posible la victoria sobre el pecado, porque Cristo fue el primero que lo venció con su muerte y resurrección de la que participamos los cristianos. Para celebrar dignamente la Eucaristía y participar del cuerpo del Señor necesitamos estar libres de pecado. El Bautismo, el sacramento de la penitencia y el acto penitencial con el que iniciamos cada Eucaristía purifican nuestra conciencia; pero no basta una pureza legalista. Es necesaria una actitud de profunda humildad y conversión, de amor a los demás, de guerra incondicional al pecado a todos los niveles, hasta lograr la victoria sobre el mismo con Cristo resucitado.

José A. Sánchez Herrera, sacerdot

sábado, 5 de junio de 2010

Cantemos al amor de los amores

Domingo Corpus Christi T. Pascual. Ciclo C
Gn 14, 18-20; Sal 109, 1-4; 1 Co 11, 23-26; Lc 9, 11b-17

“Cantemos al amor de los amores”. A ese amor de Dios que no se guardó a su Hijo, sino que por amor nos lo entregó, y nosotros lo entregamos a la muerte.“Cantemos al amor de los amores”. A ese amor de Dios que no se guardó a su Hijo, sino que por amor nos lo entregó, y nosotros lo entregamos a la muerte.

La Eucaristía es la actualización repetida y constante de esa entrega del Señor. En cada celebración de la Eucaristía, el Señor repite milagrosamente su entrega. Se actualiza su sacrificio. Se hace presencia evangelizadora. Ante el mundo egoísta y violento, ante los hombres y mujeres que viven en la soledad y el dolor, el Señor se hace sacrificio, entrega y presencia para acompañar solidariamente soledades, para curar heridas y paliar dolores.

Es el amor de Dios que se hace comunión. El amor de los amores es, como dice el Cantar de los Cantares, el amor más grande y hermoso, el más apasionado, más entregado y más comprometido El mandamiento de amor, más que un mandato, es una necesidad, porque el amor necesita amar. Al amarnos, al comulgar en su amor, Cristo nos da una capacidad y una urgencia de amor.

La Eucaristía es también pan partido y dividido. Contrasigno de las divisiones que separan a los hombres y los enfrentan en bloques culturales, raciales, sociales o económicos.

Jesucristo bendice el pan, lo parte y lo multiplica y lo hace para saciar nuestra hambre, porque le damos pena, pero también para enseñarnos dos cosas: primera, que cuando el hombre comparte, Dios multiplica; segunda, que en el Reino de Dios todas nuestras hambres, todas, serán saciadas. Pan compartido para enseñarnos a poner en común cuanto tenemos y cuanto somos.

Si comemos de este pan y bebemos de esta copa, si nos alimentamos de este amor, no hace falta decir más. Se notará enseguida que hemos recibido esta santa energía. Hoy queremos adorarlo en adoración agradecida, queremos instaurar la cultura del compartir contra la del acaparar, la del servir contra la del dominar. Cantemos al amor de los amores y hagamos canciones a la esperanza, a la belleza, a los deseos de un mundo mejor, a los gestos generosos y a las personas entregadas.

Cantemos a los testigos y a los trabajadores por el Reino.

José A. Sánchez Herrera, sacerdote

sábado, 29 de mayo de 2010

¿Qué y Quién es Dios para mí?

Domingo Santísima Trinidad T. Pascual. Ciclo C
Pr 8, 22-31; Sal 8, 4-9; Rm 5, 1-5; Jn 16, 12-15

Después de tantos siglos de cristianismo sigue en pie todavía la pregunta, porque no se trata de una pregunta que reclame de nosotros una respuesta científica; se trata de una respuesta vital y propia de cada uno, un compromiso de vida que cada uno debe hacer original para sí; se trata del encuentro personal con Dios más que del encuentro racional de Dios.

La fiesta de la Trinidad es poco significativa debido a su formulación abstracta, para nuestras comunidades que ponen más de relieve el sentido vital y personalista de la relación con Dios. Pero lo positivo en la celebración de esta fiesta radica en el testimonio que nos transmite una liturgia viva que daba acogida en sus celebraciones a los grandes problemas teológicos que preocupaban en la época: esta celebración tiene su origen en la respuesta a las herejías del momento sobre el carácter trinitario de Dios. En este sentido, uno de los principales mensajes que la fiesta de hoy nos transmite es precisamente el de repensar nuestras “formulaciones” sobre Dios, en tantos casos ya muertas, y redescubrir el verdadero “rostro de Dios”, para nosotros y los hombres de nuestro tiempo.

La Escritura no nos presenta la formulación abstracta de la Santísima Trinidad, sino que nos habla del misterio inmenso, lleno de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo; de la acción del Dios Padre en el Hijo que se encarna para salvarnos y que, al subir de nuevo al Padre, nos deja su Espíritu que prosigue su obra. La Escritura nos presenta a Dios en diálogo. Cristo habla con el Padre; habla de Él a sus discípulos; habla del Espíritu que, a su vez, da testimonio de Cristo, de nosotros y grita en nuestro interior “¡Abba, Padre!” “Dios es uno, pero no está solo”. Dios, siendo uno, aparece simultaneamente viviendo y actuando en comunidad consigo mismo en primer lugar; comunidad que posteriormente y en otro sentido se refiere también a los hombres.

Nuestra vida cristiana empezó por el bautismo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. En la Eucaristía, una vez escuchada la Palabra de Dios, haremos nuestra profesión de fe trinitaria. Cada celebración eucarística es una llamada a una conversión de fe trinitaria, una vocación a la esperanza trinitaria y una urgencia de amor en la doble dirección: hacia Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, y hacia la Iglesia, los hombres, los padres y los hijos, los cercanos y los desconocidos, los amigos y los enemigos.

José Antonio Sánchez Herrera, sacerdote

sábado, 22 de mayo de 2010

Tu Espíritu me mueve desde dentro

Domingo Pentecostés T. Pascual. Ciclo C
Hch 2, 1-11; Sal 103, 1.24.29-31.34; 1Co 12, 3b-7.12-13; Jn 20, 19-23

Culminamos la cincuentena pascual con la efusión del Espíritu Santo sobre los apóstoles y la Virgen María. Es el día de Pentecostés. Unas llamaradas, en forma de lenguas de fuego, acompañan el signo visible sobre cada uno de los apóstoles. Es el fuego que irrumpe en la oscuridad de la noche, que calienta los cuerpos, que quema lo impuro. El Espíritu es la fuerza que nos guía hacia la Verdad, que nos purifica e ilumina nuestra mente y nuestro corazón con sus dones, repartidos en beneficio siempre de la comunidad, de la Iglesia, naciente en ese momento y extendida hasta el día de hoy.

“Nadie puede decir ‘Jesús es Señor’, si no es bajo la acción del Espíritu Santo. Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de servicios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios, que obra todo en todos” nos dirá san Pablo. El Espíritu Santo actúa constantemente en la Iglesia y en el mundo. Su acción es imperceptible a simple vista, como el viento, pero necesaria como el oxígeno que respiramos. Vivir según el Espíritu Santo es vivir de fe, de esperanza, de caridad. Una vida cristiana madura, honda y recia es algo que no se improvisa, porque es el fruto del crecimiento en nosotros de la gracia de Dios. Otro de los signos que delata la presencia del Espíritu Santo es el ruido. Los Apóstoles se ven impulsados a hablar de las maravillas de Dios, no pueden contenerse. Se lanzan, ya sin miedo, a anunciar la vida del Señor Jesús. Todos recordamos cómo la civilización antigua levantó una torre que acabó separando a los hombres de Dios, y a los hombres entre sí, porque no hablaban el mismo lenguaje. Eso fue Babel, el orgullo que condujo a la separación. Es lo contrario de Pentecostés. Porque el Amor de Dios no tiene barreras. Nos lleva a hablar en el lenguaje que todo el mundo entiende: el lenguaje del afecto, del amor. El mensaje que nosotros tenemos que transmitir es que “tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo”.

El miedo nos atenaza como antes de Pentecostés a los discípulos. Nos tienta, para que no hablemos de Dios. Nos mete la idea de que si hablamos, entonces los demás nos mirarán como si fuéramos personas raras. El miedo nos hace sentir vergüenza: ¿qué van a decir si invito a este amigo para que vaya a Misa conmigo? o ¿qué pensará si le digo que haga un rato de oración o que se confiese...? Hoy gritamos: Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles. María está llena del Espíritu Santo. Ella nos lleva al Señor casi sin darnos cuenta. Con Ella el amor a Dios entra solo y va directo al corazón. Que el Espíritu Santo nos renueve a cada uno. Feliz Fiesta de Pentecostés a todos, en este día del apostolado seglar, feliz Pentecostés a toda la familia rociera que, bajo el signo de la Blanca Paloma, invoca la efusión del Espíritu sobre cada uno de nosotros. Hasta otra.

Gonzalo Martín Fernández, sacerdote

sábado, 15 de mayo de 2010

Me voy pero me quedo

Domingo VII T. Pascual. Ciclo C
Hch 1, 1-11; Sal 46, 2-9; Ef 1, 17-23; Lc 24, 46-53

Hace cuarenta días que celebrábamos la Resurrección del Señor, y la Ascensión nos abre esas puertas del cielo a donde Él vuelve y desde donde el mismo Hijo de Dios nos va a enviar su Espíritu a toda la Iglesia en el día de Pentecostés. Los cuarenta días de Jesús con sus discípulos antes de la Ascensión y los cuarenta años del pueblo de Israel en el desierto, camino a la tierra prometida, son una figura que invita a caminar con fe y a hacer algo bueno por la vida. A trabajar por una humanidad digna, justa, libre; en otras palabras: a construir la historia de la salvación de Dios con los hombres.

Hoy, una vez más se nos invita a no quedarnos simplemente mirando al cielo: “Galileos, ¿qué hacéis ahí parados mirando para el cielo?” ¿Qué hacemos parados mirando al cielo? ¿Qué hemos hecho por nuestro pueblo? o, como le preguntó Dios a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Tendremos nosotros también el descaro de responder como él: “¿Soy yo acaso guardián de mi hermano?” El Señor se despide, pero es un hasta luego. Y nos invita, como a sus discípulos, a predicar la conversión y el perdón de los pecados, a ofrecer la salvación de Dios a todos los hombres.

La vida cristiana no es ni sólo más allá, ni sólo más acá. El cristiano piensa en un cielo que hay que construir desde aquí, desde ahora y cada día, mediante el amor, el trabajo y el servicio a los demás; un cielo que a su vez se nos regala como la casa de la definitiva alegría; cielo que se abre a la plenitud de los tiempos con la gracia y el poder de Dios y de Cristo resucitado, vencedor de la muerte. Todos estamos invitados a construir la historia y a abrirnos a la trascendencia. La victoria de Jesucristo es garantía de vida; su gracia en medio de nosotros es fuerza para luchar. Él mismo es camino, verdad, vida y plenitud. Él nos invita a ir a todo el mundo a anunciar el evangelio y en este domingo celebramos también la Jornada Mundial de los Medios de Comunicación Social bajo el lema: «El sacerdote y la pastoral en el mundo digital: los nuevos medios al servicio de la Palabra». La Iglesia es fundamentalmente misionera y rescato una parte de la carta del Papa con motivo de esta jornada, para reflexión de los sacerdotes y de todos los cristianos en nuestra tarea de anunciar el evangelio de Jesucristo: “En verdad, el mundo digital, ofreciendo medios que permiten una capacidad de expresión casi ilimitada, abre importantes perspectivas y actualiza la exhortación paulina: «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1 Co 9,16). Así pues, con la difusión de esos medios, la responsabilidad del anuncio no solamente aumenta, sino que se hace más acuciante y reclama un compromiso más intenso y eficaz. A este respecto, el sacerdote se encuentra como al inicio de una «nueva historia », porque en la medida en que estas nuevas tecnologías susciten relaciones cada vez más intensas, y cuanto más se amplíen las fronteras del mundo digital, tanto más se verá llamado a ocuparse pastoralmente de este campo, multiplicando su esfuerzo para poner dichos medios al servicio de la Palabra...”

¿Qué hacemos parados mirando al cielo? Tomemos la fuerza del Espíritu y trabajemos para que nuestro mundo conozca a su Salvador: Jesucristo. Feliz día de la Ascensión (otro jueves más que no alumbra tanto el sol).

Gonzalo Martín Fernández, sacerdote

sábado, 8 de mayo de 2010

Dale tu PAZ a mi ajetreo

Domingo VI T. Pascual. Ciclo C
Hch 15, 1-2.22-29; Sal 66, 2-8; Ap 21, 10-14.22-23; Jn 14, 23-29

Nos hemos enterado que algunos, sin encargo nuestro os están alarmando…. Que nadie os quite la Paz del Señor. La paz del mundo basada en tantos intereses y aparentes consensos, no es como la que nos ofrece el Señor resucitado. En la misma Eucaristía nos ofrecemos la paz, se la entregamos al otro como Cristo nos la entrega a nosotros. Es uno de sus muchos regalos también en este tiempo de Pascua.

El Señor nos deja una vida pacificada por su amor. En el mundo de hoy se necesita la paz en el corazón de los hombres. Amar al Señor es escuchar y vivir desde su Palabra. Llevarla a la vida diaria. Y para ello se nos promete el envío del Defensor, del Paráclito, del Espíritu Santo, a través del cual hablará Jesucristo. Ese Espíritu que procede del Padre y del Hijo y su tarea es la de santificarnos. Él nos enseñará todas las cosas, nos recordará todo lo que nos ha dicho el Señor, nos irá abriendo caminos para el encuentro con nuestro Dios en la vida fraterna con el hermano. Nos abrirá el entendimiento y el corazón.

Hoy se nos anuncia la marcha del Señor y se nos deja su Paz como herencia. La tristeza y angustia que muchas veces nos invade necesita de esa paz restauradora para llegar a conseguir la plena confianza en nuestro Dios. Al confiar en su Palabra, al vivirla y cumplirla nos llenamos de su paz y a la vez somos transmisores de la misma ya que nos viene de Dios y la tenemos que ofrecer al hermano.

El evangelio nos muestra palabras de despedida, llenas de ternura y de luz para aquellos discípulos. No hay nada que temer, porque no nos va a dejar solos el Resucitado. El amor de Cristo nos acompaña. No estarán solos y no lo estaremos nosotros porque recibiremos el Espíritu Santo, que es consolador, defensor, maestro y guía del hombre. Nuestro corazón no puede temblar ni acobardarse, aunque surjan divisiones como en aquellas primeras comunidades cristianas. Pidamos la gracia y la sabiduría para confiar plenamente en Dios, dejar que su Espíritu nos colme para poder proclamar al mundo que Dios es nuestro Padre y Jesucristo el salvador de nuestras vidas.

La Virgen María todo esto lo entendió a la perfección, que ella nos ayude a confiar en ese Espíritu que se nos dará como a Ella misma se le dio.

¡Feliz día del Señor!

Gonzalo Martín Fernández, sacerdote

martes, 4 de mayo de 2010

Ociozine


Hola chicxs!
Vengo a presentaros una página muy chula. Tiene contenidos muy variados y te redirige a páginas donde puedes comprar música, cine y videojuegos (y próximamente también libros).
La comparto con vosotros por varios motivos. Uno de ellos es lo que he comentado antes, otro porque he participado en sus concursos y ya he ganado en dos (Entradas concierto de CooL, y Pack completo Phineas y Ferb).
Fui a recoger el último regalo y estuve hablando con la persona que lo lleva, y me pidió que le diera publicidad a la página, que llevan poquito tiempo y necesitan muchas visitas, sobretodo al principio.

¿Qué me decis? ¡Echadle un vistazo a la web, registraos y concursad!

Gracias! En mi nombre y en el de Ociozine (también tienen facebook donde te van avisando de los concursos)

sábado, 1 de mayo de 2010

Tu amor alegra mi corazón

Domingo V T. Pascual. Ciclo C
Hch 14, 21b-27; Sal 144, 8-13ab; Ap 21, 1-5a; Jn 13, 31-33a.34-35

En el mundo en el que nos movemos es cierto que necesitamos de testigos y testimonios de la verdad, antes que bonitas palabras. Y el mejor testimonio es vivir desde el Amor de Dios, así se construirán esos cielos nuevos y tierra nueva. La fuerza que debe dinamizar la construcción de ese nuevo mundo no es otra que el Amor.

La situación interna y el contexto histórico de las personas que formaban las primeras comunidades cristianas, su experiencia de fe con Jesús muerto y resucitado, las llevó a una toma de conciencia de la necesidad de hacer algo por ellos mismos y por los demás superando muchas dificultades personales. A esa nueva realidad le dieron el nombre de cielos nuevos y tierra nueva. Es la fuerza creadora y recreadora de Dios que impulsa a formar otro mundo que se hace posible con la apertura a la gracia de Dios.

Jesús, con su vida, con su palabra y su obra y con el amor con el cual hizo nuevas todas las cosas, empezó a hacer realidad un mundo marcado con otros valores. Lo nuevo no es que se hable del amor, porque desde tiempos inmemoriales se habla del amor. Lo nuevo es el amor al estilo de Jesús. La sinceridad, el servicio, la cercanía, la entrega y la donación total con las cuales Jesús manifestó su amor a sus amigos y a cada uno de nosotros. Por este motivo hoy el evangelio nos hace una invitación muy concreta: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado”.

En los Hechos de los Apóstoles leemos el trabajo concreto de Pablo y Bernabé a favor de la construcción del Reino y cómo animados por la oración y la fuerza del Espíritu Santo, establecieron una estructura organizativa en aquellas comunidades para que se lograra la continuidad de la obra empezada por ellos. Desde nuestro tomar conciencia como creyentes de nuestra situación interna y de nuestro contexto social, nos corresponde construir los cielos nuevos y la tierra nueva con la fuerza del amor al estilo de Jesús. Y hoy nos deberíamos preguntar qué estilo de vida, qué valores, qué amor, son los que pongo yo en cada cosa, para que esos cielos nuevos y tierra nueva se lleven a término en mi vida, en mi familia, en mi comunidad parroquial. Que en este mes de mayo nos acompañe la Virgen y nuestras flores sean fruto del nuevo estilo del amor de Jesús.

Gonzalo Martín Fernández, sacerdote

sábado, 24 de abril de 2010

Somos uno cuidando el rebaño

Domingo IV T. Pascual. Ciclo C
Hch 13, 14. 43-52; Sal 99, 2-5; Ap 7, 9-14b-17; Jn 10, 27-30

Jesucristo mismo se nos presenta en este IV domingo de la pascua con la imagen del Buen Pastor, que da la vida por sus ovejas. Esa imagen ya había sido utilizada por el pueblo de Israel y por los profetas, dadas las características pastoriles del pueblo. Dios es el Pastor, Israel su rebaño. Se nos invita a cuidar de esas ovejas a todos los pastores y hacerlo con la misma dedicación y amor que el Pastor supremo.

Por ese motivo, el profeta Jeremías dirige una dura amenaza a estos pastores que dejan que se pierdan las ovejas, y promete, en nombre de Dios, nuevos pastores que de verdad apacienten sus ovejas. Él mismo cuidará de sus ovejas. Más aun, suscitará un Pastor único, descendiente de David, que las apacentará para que estén seguras.

Jesús a sus discípulos también les había hecho comparaciones de pastores y ovejas. Pero en este pasaje propone con claridad la parábola del Buen Pastor, que es aquel que cuida de sus ovejas, que busca a la extraviada, que cura a la herida y carga sobre sus hombros a la cansada. Cristo es el Buen Pastor porque es capaz de dar su vida por las ovejas, voluntaria y libremente. Nos recuerda su Pasión. Jesús dio su vida por los suyos, con amor y en obediencia, para formar un solo rebaño con un único Pastor. En nuestra capilla del Seminario tenemos la imagen de ese Buen Pastor que tiene que presidir toda nuestra vida. Pastores, en este domingo, contemplemos el corazón de Jesús Buen Pastor. Rebaño, dejémonos cargar en los hombros del Buen Pastor. El falso pastor sólo piensa en él. No tiene interés alguno por sus ovejas. Es incapaz de arriesgar su vida ante el peligro. Las ovejas no cuentan con él.

El Buen Pastor, nos lo dice Jesús, conoce a cada una de sus ovejas. Las llama a cada una por su nombre. Él conoce a sus ovejas, sus ovejas lo conocen a él y escuchan su voz. Todos, en mayor o menor grado, debemos ser pastores. Tal vez en nuestra familia, en nuestro entorno. El Señor nos dio a través del Bautismo la misión de ser sus testigos, de darlo a conocer, de comprometernos con Él y con su Reino. Pidamos en este día por todos los sacerdotes para que sean fiel reflejo de Cristo, el Buen Pastor, y pidamos por cada uno de nosotros para que, escuchando la voz del Señor, sepamos cuidar la pequeña parte del rebaño que nos corresponda en nuestra vida. Feliz día del Señor y buena semana.

Gonzalo Martín Fernández, sacerdote

sábado, 17 de abril de 2010

Pesca milagrosa: tu luz nos atrapa...

Domingo III T. Pascual. Ciclo C
Hch 5, 27b-32.40b; Sal 29, 2-13; Ap 5, 11-14; Jn 21, 1-19

El evangelio nos muestra cómo algunos discípulos habían vuelto a sus antiguas actividades, mientras tomaban conciencia de la resurrección del Señor. Pedro y los demás discípulos, habían pasado toda la noche tratando de pescar algo pero no lo habían conseguido.. La noche representa las situaciones difíciles, la crisis, la angustia, el miedo y la inseguridad, que inundaban a los discípulos tras la muerte de Jesús. Al amanecer, Jesús se aparece en la playa. Todos los relatos de la resurrección dicen que los discípulos a primera vista, no cayeron en la cuenta de la presencia de Jesús. Lo confundieron. Esto confirma que la resurrección de Jesús no fue evidente en el primer momento sino que fue convirtiéndose en una experiencia que los inundó, les aclaró todo y los dejó absolutamente convencidos de su nueva forma de existir.

La experiencia de la pesca milagrosa ya la habían vivido y el Resucitado lo primero que les preguntó fue por los frutos de su trabajo: “Muchachos, ¿tenéis pescado?” Es decir, cómo te ha ido, qué has hecho, cómo estás, por qué lloras, de qué hablas... ¿La respuesta? ¡No! En la oscuridad de sus vidas todo era frustración, tristeza y muerte. ¿Verdad que se parece mucho a la nuestra? Pero una luz empieza a brillar cuando hacen lo que Jesús les manda: “Echad la red a la derecha de la barca.” Cuando actuaron conducidos por las enseñanzas de Jesús, recogieron buenos frutos: “Por tu Palabra…” En este relato fue el discípulo amado quien primero reconoció a Jesús. Es otro detalle. El Amor hace reconocer al resucitado. Y Jesús, en la orilla los invitó a compartir el fruto del trabajo. Él tomó el pan y los peces, los partió y los repartió. Ahí descubren entonces que dentro de ellos estaba Jesús resucitado. Lo hemos dicho muchas veces: la mejor prueba de la resurrección de Jesús es una comunidad que vive unida en el amor, trabaja y comparte fraternalmente.

En la segunda parte de este fragmento del Evangelio, tenemos el reconocimiento de Pedro como autoridad en la Iglesia. La característica particular del liderazgo en la Iglesia, es que debe estar fundado en el amor a Jesucristo y su evangelio”: ¿...me amas? Y asumir como propio el proyecto de Jesús y cumplir su voluntad salvífica. Si el liderazgo en la Iglesia se deja contaminar por los deseos de poder y aparentar, pierde su sentido y se convierte en un obstáculo para la evangelización.

Todos tenemos experiencia de esto. No se puede ser apóstol sin ser discípulo, pero el discípulo tiene que llegar a ser apóstol, porque toda la riqueza espiritual que Dios le da, debe compartirla. Aquellos hombres que llenos de miedo habían abandonado a su maestro, con la experiencia de la resurrección, estaban dispuestos a darlo todo para continuar su obra salvadora. Los mismos pescadores y publicanos cobardes, que decepcionados de Jesús no querían saber nada de su proyecto, comprendieron claramente que Dios estaba con Él y tuvieron las fuerzas para anunciar que a ése a quien habían matado, Dios lo había resucitado y constituido Señor y Mesías. Por eso, hoy con Pedro podemos decir: Señor Tú conoces todo, sabes que te quiero. Y podremos escuchar: Sígueme.

Sé valiente: Por su Palabra sigue echando la red.

Gonzalo Martín Fernández, sacerdote

sábado, 10 de abril de 2010

Dichosos los que creen sin ver

Domingo Divina Misericordia T. Pascual. Ciclo C
Hch 5, 12-16; Sal 117, 2-4.22-27; Ap 1,9-11a.12-13.17-19; Jn 20, 19-31

Hoy se nos presenta la vida de la primitiva comunidad cristiana liderada por los apóstoles donde su testimonio es el signo por excelencia de la Resurrección de Jesús. Cuando uno se encuentra con un cristiano de verdad, puede vivir la misma experiencia que vivieron quienes compartieron su vida con Jesús: gozo, alegría, vida… Aunque también oposición, porque el anuncio del Evangelio y su compromiso en la vida, generó oposición en sectores de la sociedad, la de Jesús y la nuestra. Y a pesar de ello, esas primeras comunidades daban testimonio de la acción de Jesús resucitado con sus vidas. ¿Qué caracterizaba a esas comunidades “resucitadas”? Su manera novedosa de vivir y amarse entre ellos, y si alguien se les acercaba, aprovechaban para dar testimonio de la resurrección del Señor, como nos lo presenta el libro del Apocalipsis: el Señor es el principio y el fin, el alfa y la omega. Así, la muerte y la resurrección de Jesús son el testimonio más creíble de que el mal y la muerte no tienen la última palabra, sino Él y su Vida resucitada.

El Evangelio de Juan dice que el primer día de la semana, estaban los discípulos con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Pero una nueva experiencia con Jesús los llenó de paz, alegría, esperanza, perdón y ganas de seguir luchando por su vida. Jesús les ofrece la paz seguida de un envío: “Así como el Padre me envió, os envío yo a vosotros”. Les tocaba hacer a sus discípulos, y ahora a nosotros, como nuevos apóstoles del Señor enviados a dar testimonio de la Resurrección.

Pero no nos va a dejar solos, nos enviará su Espíritu, no sólo para que nos refresque la memoria, sino para que contemos con su fuerza y podamos dar testimonio ante los demás, de manera que crean en Jesús y tengan vida en su nombre. Sabemos que la fe no se impone, es un regalo. Se transmite, se testimonia, aunque para Tomás, como tantas veces para nosotros mismos, el testimonio de sus condiscípulos no era suficiente para aceptar que el Dios-Hombre estuviera vivo, había resucitado. Tengo que tocar, ver, tengo que…. Los discípulos respetan tu proceso de fe, no te obligan a creer que Jesús haya resucitado, pero ellos lo siguen demostrando con su vida y si cada uno de nosotros estamos abiertos a una experiencia nueva, llegará el momento en que nos encontremos con Jesús resucitado, como le pasó a Tomás. Y el Señor nos dirá: tienes ¿qué…? Aquí tienes mis manos, pies, Vida, por ti y para ti. Esa experiencia a Tomás le hará expresar su alegría, su fe y su pertenencia a Jesús con estas palabras: ¡Señor mío y Dios mío! Las que nos hacen falta a nosotros para recorrer esta cincuentena pascual.

Gonzalo Martín Fernández, sacerdote

sábado, 3 de abril de 2010

Desde la cruz enciendes la VIDA

Domingo Pascua de Resurrección T.Pascual. Ciclo C
Hch 10, 34a.37-43; Sal 117,1-2.16-17.22-23; Col 3, 1-4; Jn 20, 1-9

¡Ha resucitado! Noticia, noticia, No está en el sepulcro. Ha sido al alba, lean, lean, ¡ha resucitado! ¿Por qué seguir perdiendo el tiempo en buscar entre los muertos al que VIVE? “... id a mis amigos a decirles que en Galilea les veré”. Nos han venido contando las mujeres de nuestro grupo que está vivo. Ya lo podemos gritar por todos sitios, a toda la gente con la que nos crucemos. Él ha vencido a la muerte, ha resucitado como dijo. Todo había comenzado en Galilea. Hoy el Señor rompe, en nuestras vidas, como esa luz de fuego que encendíamos en la gran Vigilia Pascual.

Como ya indicábamos el domingo pasado, este hombre en apariencia no hizo nada extraordinario, sino que vivió la sencilla vida cotidiana con la grandeza de quien sabe amar y servir. A su lado todos se sentían respetados, acompañados y amados. Con su muerte y resurrección ha transformado radicalmente la existencia de todos los hombres, nos ha hecho descubrir el rostro misericordioso de Dios y el lado amable de la vida. El apóstol Pedro nos resumió la vida de Jesús con estas palabras: “Pasó haciendo el bien”. Y tanto que lo hizo. A los más pobres les dio esperanza; a los oprimidos, libertad; y a todos, una vida más digna. Eso no se lo perdonaron los poderosos y potentados del mundo. Y nosotros mismos, que también lo abandonamos como hicieron sus amigos y discípulos. Él murió en la cruz acompañado de poco más que algún mirón (como tú y como yo) y con la presencia de su Madre, que como siempre está donde, cuando y como tiene que estar.

Pero, tranquilos: Jesucristo VIVE. Dios da la cara por nosotros, Dios lo ha resucitado. Lo que era aparente fracaso, se ha convertido en triunfo sin discusión. Ha sido el gran acontecimiento que ha transformado la vida de sus seguidores, qie se convirtieron en los testigos de su resurrección. Hoy más que nunca tenemos que afianzar nuestra fe en el Resucitado. Creer en la resurrección es creer en la Persona de Jesús y tener la misma fe que él tuvo en su padre Dios, para entregar su vida por el Reino. Creer en la resurrección de Jesús, es ser testigos de su vida, es vivir en Cristo y morir con él a todo aquello que nos disminuye como personas y resucitar cada día para una vida nueva. Es vivir y luchar hasta dar la vida y expresar el amor, tal como él lo hizo. Creer en la resurrección es permitir que Cristo viva en nosotros y nos salve de una vida mediocre, egoísta e infeliz, y nos conduzca a una vida plena, resucitada y bienaventurada.

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN!

Gonzalo Martín Fernández, sacerdote

sábado, 27 de marzo de 2010

Jerusalem para alcanzar la meta

Domingo Ramos . Ciclo C
Is 50, 4-7; Sal 21, 8-9.17-24; Flp 2, 6-11; Lc 19, 28-40

Queridos amigos: ¡Por Fin! Sí. Ya hemos llegado. Y lo más importante es si hemos llegado con nuestros hermanos, nuestras comunidades, de la mano del Señor. Atravesado nuestro desierto cuaresmal, hoy celebramos la entrada de Jesús en Jerusalén para celebrar la Pascua.

Domingo de Ramos, entrada triunfal en la Ciudad Santa. ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! Entrada triunfal; bueno, más bien profética, donde los creyentes de aquel momento reafirmaron su fe en el Dios que salva, a través de la persona de Jesús. Cristo entra en Jerusalén aclamado por todos nosotros, aunque muchas veces no nos damos cuenta de que entra para dar su vida en rescate por muchos. La dignidad de Jesús estuvo en sí mismo, en su grandeza y calidad humana, en la profunda y muy peculiar experiencia de Dios, su Padre. Su más grande legado fue Él mismo y su manera de vivir ante Dios y ante los demás. La novedad de Jesús no está en los dones que ofrece, sino en el amor por el cual Él se ha entregado.

Por eso san Pablo, en su carta a los filipenses, nos invita a vivir en el amor, a no hacer nada por vanagloria, a practicar la humildad y a apreciar los valores de los demás, aun más que los propios. A buscar el bien común, impulsados por los mismos sentimientos que tuvo Cristo, cuya grandeza consistió en que: “Siendo de condición divin... tomó la condición de esclavo… y se humilló haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz.”

Entrando en la ciudad Santa, Jesús nos enseña que la grandeza del hombre está en la humildad con la que siempre vivió Él y en la forma como permitió que, por medio de su Palabra y de su obra, Dios manifestara su amor misericordioso a toda la humanidad. Cuando hablaba, no lo hacía para ser alabado, sino para enseñarnos el camino de su Padre Dios. No dio fórmulas mágicas para la vida, sino que vivió como uno de tantos, como un hombre cualquiera, con una gran diferencia: lo hizo todo con la grandeza y humildad de quien sabe amar de verdad, hasta dar su vida por cada uno de nosotros. Sin duda, podemos aplicarle el cántico del Siervo de Yahvé que nos presenta el profeta Isaías en la primera lectura.

Él estuvo siempre atento a la voz de Dios. Nunca dio la espalda a las injusticias ni al dolor humano. Dio aliento al abatido, y puso en riesgo su propia vida para guardar la nuestra. Su vida comprometida en cumplir la voluntad del Padre lo hizo sudar sangre, como lo afirma Lucas en la Pasión que leemos este año. Lo llevó a asumir la cruz, no porque la buscara sino porque era una consecuencia lógica de su compromiso con la vida y un camino necesario para llegar a la victoria final.

Hoy, cuando muchos de nosotros vamos a salir a las calles con ramas de olivo aclamando a Jesús, aprendamos a caminar tras Él y asumamos como propios su causa y su compromiso por la vida y el hombre. Vivamos con intensidad esta Semana Santa, participemos de la Oración de la Iglesia, de la Misa Crismal en la Catedral. Comamos la Cena del Señor. Adoremos su cruz Salvadora y gritemos después de tres días ¡Cristo ha RESUCITADO! Feliz y Santa Semana.

Gonzalo Martín Fernández, sacerdote

domingo, 21 de marzo de 2010

Salamanca - Convivencia Vocacional


La vocación no cesa nunca, es una llamada contínua.

Tras entrar por esas puertas, imágenes vuelven a mi cabeza, mi primera entrada, todos aquellos momentos vividos, tantas personas conocidas y por conocer... Comienza un fin de semana de encuentro y oración.

Rubén, Eblerino y yo esperamos a que lleguen los demás, que están en camino. A las 21 aproximadamente llegan los de Cádiz, Ayamonte y Salamanca. Cenamos y programamos el fin de semana sentados frente a la tele.

El sábado comenzamos en serio: desayuno, oración, Moisés, reflexión, compartir, comida, café con la comunidad, descanso, Abrahám, reflexión, compartir, Jeremías, reflexión, compartir, oración, cena.
Salimos de paseo por Salamanca, disfrutamos de un helado buenísimo (el mío de Leche merengada y Dulce de leche), y volvimos a casa a descansar.

Tuve la suerte de reencontrarme con el salmo que me dió el último empujón en aquella Pascua memorable.

El domingo: desayuno, oración, S.Pedro, reflexión, compartir, Eucaristía, comida, café con la comunidad, despedidas y descanso.

Hoy el regalo fue el Credo vicenciano (que publicaré más adelante).

A las 18:30 tenía yo el bus de vuelta, y Rubén a las 19:00, así que sobre las 17:45 Eblerino y Sergio nos acompañan a la estación. Llegamos sobre las 18:01, miramos el panel de salidas y... ¿no hay ningún bus a las 18:30? Miro mi billete... ¡mi bus es a las 18:00!, perdón corrijo, ¡mi bus ERA a las 18:00!
Sin pensarlo mucho salgo disparado a las dársenas, donde apenas veo 2 buses (el mío era el 5)... mierda, el mío se ha ido...
Un conductor del fondo me hace señas, me acerco y me pregunta, le digo y me dice "el tuyo se ha ido, pero... yo tengo plazas libres" wow, veo el cielo abierto, le doy las gracias y me subo. Me despido por la ventana y veo que Rubén habla con el conductor, también tiene sitio para él, así que adelanta una hora su viaje. Dios ha obrado...

Se supone que llegamos a las 20:30, pero cogemos un atasco que no veas (fin de semana+puente+entrada en Madrid...)...

Llamo a Nacho, y antes de decirle que voy con retraso me dice que algunos van a cenar (tras la misa) en el burger, así que se me va haciendo la boca agua... mi gozo fue un pozo lleno de "agua de boca", porque nos restrasamos y llegamos a las 21:40, me despido de Rubén, llego al barrio, llamo a éstos y me dicen que van hacia casa... me quedo sin burger...

Recojo el día con Antonio y Nacho en la ante-cocina (le llaman ¿office?) y caigo rendido en la cama...

Fin de semana intenso...

(algún día haré la crónica de Navidad, lo sé...)

sábado, 20 de marzo de 2010

Vete y no peques más

Domingo V Cuaresma. Ciclo C
Is 43, 16-21; Sal 125, 1-6; Flp 3, 8-14; Jn 8, 1-11

En este domingo celebramos el Día del Seminario, con el lema de este año: El sacerdote, testigo de la misericordia de Dios. La liturgia de este domingo precisamente nos muestra la manera que Jesús, sacerdote eterno, tiene de manifestar y actuar desde esa misericordia y compasión con todos. Él nos perdona, no nos acusa; limpia las miserias humanas.

En la primera lectura, Isaías nos invita a mirar al futuro, a no volver la vista atrás, pues estamos llamados y destinados a vivir junto a Dios en tierra de promisión. “No penséis en lo antiguo…Mirad que hago algo nuevo…” Dios, a través de Jesucristo, hará el nuevo y definitivo éxodo.

Pablo, en la segunda lectura, nos va a dar la clave de lo que implica la vida nueva centrada en Cristo, y para ello necesitamos desterrar la autosuficiencia y, como él mismo nos dirá, una vez descubierto Cristo, todo lo demás lo estimo pérdida. Nos tenemos que sentir lanzados para alcanzar la meta a la que el Señor nos llama a cada uno.

Y en el evangelio, san Juan nos confronta dos actitudes ante esa mujer que ha sido sorprendida en adulterio: la que nos suele caracterizar a nosotros tantas veces, el juicio y la condena. Y la del Señor, de la cual tendríamos nosotros que aprender: con un corazón misericordioso, lleno de amor, que se acerca a los pecadores y exige cambio de vida, pero desde el amor no desde la condena.

Jesús, ante el pecado de la mujer, se inclina; ante tu pecado, hace lo mismo, guarda silencio; ante el pecado del que está enfrente de ti también, y nos hace una pequeña reflexión antes de que juzguemos: “Si tú estás libre de pecado, tira la primera piedra”. En silencio, ahora, mira tu propio corazón. El evangelio nos relata que empezaron a alejarse en silencio, empezando por los más viejos. Y se quedan solos Jesús y la mujer ¿Ninguno te ha condenado? Tampoco yo te condeno; vete en paz y no peques más”. Él es el único que tendría derecho a tirar la primera piedra, pero Él no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. “Vete”, no peques más, dice Jesús.

Como el domingo pasado con la parábola del hijo pródigo, se nos invita a la conversión desde la experiencia del amor misericordioso de Dios. Volvamos hoy a suplicar al Señor que envíe obreros a su mies, testigos de esa misericordia; que siga bendiciendo a su Iglesia con el don de las vocaciones sacerdotales en este día del Seminario, y que lo haga por intercesión del Santo cura de Ars, en este año Sacerdotal. Reconozcamos la llamada de Jesucristo a seguirle y a amarle. Y hagámoslo de la mano de María reina de las vocaciones.

Gonzalo Martín Fernández, sacerdote

En busca de un proyecto de vida

Hoy quiero compartir con vosotros el salmo que hizo que se colmara el vaso y dijera "Sí, quiero, ya es mi momento".

En busca de un proyecto de vida

Es el momento, Señor, de orientar mi vida;
es la hora de dar rumbo a mi existencia;
estoy a punto para descubrir un nuevo camino;
no me sirve, Señor, el vivir en eterna encrucijada.

Estoy ante Ti abierto como la playa al mar;
estoy en busca de tus pasos, de tus huellas;
quiero dejar atrás mis caminos y entrar por "tus caminos";
quiero decir sí al plan de Dios para los sueños de mi vida.

Aquí estoy, Señor, como Saulo en el camino de Damasco;
y te digo sin rodeos: Señor, ¿qué quieres que haga?
Aquí estoy, Señor, como Samuel en la noche y te digo:
Habla, Señor, que tu siervo escucha.

Aquí estoy, Señor, como María cuando era joven y te digo:
he aquí la esclava; que se haga en mí según tu Palabra.
Aquí estoy, Señor, con un corazón disponible como el tuyo
y te digo: quiero hacer tu voluntad.

Señor, ¿qué quieres de mí? ¿Qué me pides?
Señor, ¿cuál es el plan del Padre para mi vida?
Señor, ¿cuál es el proyecto que quieres que realice?
Señor, ¿a qué me llamas?, ¿por dónde quieres que camine?

Señor, ¿cómo estar seguro de tus caminos en mi vida?
Señor, ¿seré capaz de ser fiel a la llamada que me haces?
Señor, ¿y si me equivoco y tengo que volver atrás?
Señor, ¿cómo comprometerme si no estoy plenamente seguro?

Preguntas, Señor, siempre preguntas, ¿como saldré de la duda?
Yo quiero tener claro cada paso del camino.
Soy calculador, Señor, y no me gusta arriesgar nada.
Yo quiero tener mis seguridades y tengo miedo a lo imprevisible.
Yo quiero dar respuesta pero desde una fe razonada.

A fin de cuentas, ¿te busco o me busco, Señor?
¿Pongo los ojos en ti o me miro a mí?
¿Son tus intereses los que busco o sólo los míos?
¿Estoy disponible ante ti?

Quiero, Señor Jesús, salir de esta confusión en que vivo.
Quiero, Señor Jesús, escucharte y dar respuesta a tu llamada.
Quiero, Señor Jesús, dejar todo, quedarme libre para seguirte.
Quiero, Señor Jesús, arriesgar mi camino con el tuyo.
Quiero, Señor Jesús, dejar mis miedos, dar paso a mi fe.
Quiero, Señor Jesús, fiarme de tu plan porque me amas.

Yo sé que me has mirado, que has puesto tus ojos en mí.
Yo sé que me quieres para ser servidor de tu Reino.
Yo sé que me das la fuerza de tu Espíritu para ser enviado.
Yo sé que es posible realizar tu plan y ser feliz.

Señor, quiero hacer de tu Persona y tu Evangelio,
el proyecto de vida que dé sentido a mi existencia.
Aquí me tienes, Señor, para hacer tu voluntad,
libre y sin miedo.

viernes, 19 de marzo de 2010

Salamanca - Día de San José


Cogí el bus a las 9 de la mañana y tras 2 horas y media de viaje (acompañado de Joan de Arcadia) llego a la estación donde me recogen Pati y Dani.

Tras disfrutar el paseo mientras buscamos aparcamiento terminamos en una cafetería donde continuamos poniéndonos al día y sobre las 13:30 despedimos a Dani y marchamos a casa de Pati donde Milú nos espera inquieto.

Hacemos tiempo visitando los pueblos de alrededor de Nuevo Amatos de camino a la Gasolinera, compramos al menos 20kg de croquetas que a Milú no parecen gustarle, y cuando volvemos a su casa está hasta la puerta de gente! Este día me acordé de mis comidas navideñas, donde tenemos que poner más de una mesa porque no cabemos.

Disfruté de una comida buenísima (no por hacer la pelota), puré de Calabacín, filetes de pollo empanados, y para terminar una tarta de hojaldre.

Estuvimos charlando, contando chistes... compartiendo alegría, y algún que otro MB de PC a PC.

A las 16:30 nos iba a llamar Dani así que... a las 17:30 lo llamamos nosotros, y tras despedirnos de la familia marchamos a hacer la ruta del autobus.

Recogemos a Cristina, luego a Dani y en Hdez y Fdez quedamos con Raquel y Esther. Seguimos compartiendo (bufandas, campaña-pro-facebook...). Dani se va y las 4 restantes me llevan a la casa.

Llegamos y tras dar una vuelta de reconocimiento (para ver como iban las obras y eso) llegamos a la puerta principal donde nos recibe, tan acogedor como siempre, Eblerino, que tras saludarnos efusivamente invitó a mis acompañantes a que vinieran cuando quisieran que para eso eran de la familia.

Me despido y comienza la segunda parte de mi fin de semana...